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La joven bailaba alrededor de la inmensa hoguera con los pies descalzos sobre la nieve y sus vestiduras hondeando al gélido viento. Nadie sabía de donde había salido, pero en medio de la celebración del inicio de la campaña de saqueos y con unas cuantas jarras de hidromiel de más, a nadie le importaba. Los jóvenes vikingos bailaban, saltaban y bebían mientras los mayores comenzaban a retirarse a sus hogares. Con el alba, partirían hacia tierras bretonas. La fiesta duraría hasta muy tarde, y muchos eran los que aprovechaban la nocturnidad para entablar relaciones con las mozas del lugar antes de partir en busca de gloria.
Pero el hijo del herrero no tenía planes. Tan solo observaba a la joven desconocida. Era tan abierta, tan salvaje, tan esbelta, tan hermosa… La joven se giró en uno de sus pasos de danza frenética, y le dedicó una mirada pícara acompañada de la más sensual y provocadora de las sonrisas. Él lo identificó como una invitación y corrió a su lado. Bebieron, bailaron, corrieron alrededor de la hoguera, y finalmente se alejaron de la multitud…
A cubierto en el interior de un granero, la pasión se apoderó de los jóvenes amantes, que se dedicaron caricias y favores hasta altas horas de la madrugada. No estropearon el encuentro con palabras vacías ni preguntas indiscretas, pero él deseaba saber más de ella. Algo profundo comenzaba a nacer en su cálido corazón. Extenuados finalmente, el joven se atrevió al fin a preguntar el nombre a la muchacha. Ella le respondió con una amplia sonrisa que se tornó en carcajada. Tras avergonzarle durante un rato con su jocosidad, se le acercó, le besó con dulzura y le dejó en prenda unas palabras al oído.
- Hace tres días llegó a mis oídos un interesante rumor. Parece que el clan Hator piensa atacar vuestra aldea a media mañana, cuando los hombres hayan partido. Quizás deberías comunicárselo a vuestros líderes de guerra.
Aún sin lograr asimilar sus palabras, el joven no logró reaccionar mientras la hermosa mujer salió corriendo desnuda hacia la puerta del granero, saliendo al exterior. Corrió tras ella, pero al salir a la intemperie sin ropajes y amedrentado por la situación, tan solo logró ver entre el viento helado y la oscuridad reinante a un pequeño gato montés que se alejaba. _______________________

A los Ceilican les encantan los cotilleos, el folklore y los secretos personales.
Los gatos feéricos danzan en la Edad Oscura por tierras salvajes, aldeas y ciudades. Aunque los Garou hayan olvidado que existían, los Ceilicans no olvidan lo que éstos les hicieron durante la Guerra de la Rabia. Culpan a los Lupinos de haberles robado su primogenitura, de obligarles a esconderse y de exterminar a los leones y obligarles a reproducirse con simples gatos monteses. No todo es cierto, pero el rencor es así.
Los Ceilicans (o Ceilicanos) solo aparecen cuando están convencidos de que no hay Garou en los alrededores, y entonces bailan. Al igual que las hadas con las que mantienen alianzas, retozan por los páramos y cañadas. Son criaturas mercuriales y su principal prioridad es divertirse.
Visten, beben y luchan de forma extravagante, y son muy dados al romanticismo (tan poco habitual en esta época). Son totalmente imprevisibles, y no particularmente leales a sus compañeros, a quienes inmiscuyen en sus juegos privados sin miramientos.
HOGAR: La Tribu original llegó a las tierras norteñas de Europa, y sus primos eran leones sin melena y gatos silvestres.
SECRETOS: Les encanta cotillear, el saber popular y los secretos personales, especialmente destapar la mugre de los demás
DONES DE TRIBU INICIALES: Bendición/Maldición de la Madre o Sabiduría del Sátiro |