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SWARA

El orondo caballero contemplaba gustoso su propia imagen en el espejo de pie de sus aposentos. Connor McCorman, jefe del clan de su mismo nombre. Se había puesto su mejor armadura de gala con adornos labrados por los mejores artesanos de la región, y la inmensa capa de terciopelo granate que le habían traído expresamente desde tierras orientales. No hacía demasiado juego con el faldón de su clan escocés, pero poco le importaba. Era una hermosa mañana de primavera, no llovía ni había aparecido la niebla, y se disponía a recorrer sus tierras a lomos de su más majestuoso corcel.

De pronto ahogó un chillido que le habría avergonzado sobremanera, y sus piernas comenzaron a flaquear. Su rostro en la superficie del espejo ya no era la suya. Un deforme rostro anguloso, delgado hasta el extremo, de marcados pómulos y ojos amplios y rasgados, una boca deformada bajo una nariz ancha y triangular, asomaron donde debía estar su imagen, como brotando de un estanque de aguas tranquilas. El rostro le miraba nervioso y, tras lanzar psicóticas miradas a ambos lados, brotó completamente del líquido en que parecía haberse convertido el espejo, dando paso al resto del cuerpo. Era un cuerpo escuálido, demasiado alto para su delgadez, nervudo y cubierto de un espeso bello de tonalidad anaranjada con motas más oscuras. Caminaba encorvado, tiritando de frío, miedo o ambas cosas. Connor dio un par de pasos atrás, nervioso, con la mano en la empuñadura de la espada. ¿Qué era aquella cosa? ¿Era un ser divino, diabólico…?

El extraño ser trató de tranquilizarle con un gesto de sumisión. Le habló entonces de los acontecimientos que se estaban desarrollando en sus dominios sin que él, el señor de las tierras, supiera de ello. Los bárbaros de la tierra helada habían desembarcado hacía dos noches en las playas del noroeste, y caminaban ya en dirección a las aldeas del este. Connor, olvidando ya lo extraño del ser, afirmó en alto que partiría de inmediato a acabar con ellos, a lo que el ser le espetó que sería más conveniente partir al anochecer y atacarles con las primeras luces del día. “Por la noche hay poderes superiores entre esas gentes”.

Connor permaneció pensativo unos instantes, desconfiado de la criatura. Le preguntó por su identidad, y los motivos de su ayuda. El Swara tan solo le miró con una sonrisa nerviosa y le respondió: “¿Conocéis el bosque que descansa junto a la cañada de RiverSide? Forma parte de vuestro dominio, y en su interior habita algo que me es muy preciado. No deseo verlo talado para que las hordas del norte construyan arietes, ni que lo asolen incendios provocados por las batallas. Si vos protegéis ese lugar sagrado, las fuerzas sagradas de que dispongo estarán de vuestro lado”.

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Tienen varias ventajas. La primera y más obvia es su velocidad y agilidad natas. La otra es un secreto muy bien guardado entre ellos: aprender a Caminar de Lado es mucho más fácil para los Swara que para los demás Bastet.

Son vagabundos solitarios. Es fácil ignorar a los nerviosos Swara. No son especialmente fuertes, grandes, mágicos o incluso atractivos. Son, sobre todas las cosas, rápidos, e increíblemente ágiles. Lo que es más importante, son más espirituales que las otras tribus. De todos los Bastet, los hombres guepardos son los que más claro tienen lo importante que se ha vuelto la lucha contra el Corruptor. Esta comprensión del dolor de Gaia y la lucha que se está llevando a cabo, los vuelve en muchas ocasiones paranoicos y evasivos. Para ellos todo el mundo esta corrupto o ayuda al Wyrm en su tarea, en un Mundo de Tinieblas, ¿quién puede culparles? Quizás tengan razón.

Son solitarios y vagabundos y su territorio, según ellos, se extiende por todo el mundo. Todos reverencian a Selene, para ellos la luna es su salvadora. En el nombre de Selene, mantienen los lugares sagrados a salvo, y cualquiera que la siga con igual fervor es un amigo para la Tribu. Mantienen las distancias con los Simba, esto es debido a que los leones los consideran unos cobardes y en ocasiones les dan caza. Adoran y mantienen un gran cariño hacia sus madres, de hecho el adiestramiento de los hombres guepardos suele ser más largo de lo habitual.

HOGAR: Aunque se encuentran repartidos por todo el globo y se adentran en la Umbra, la vida de la Tribu empieza y termina en la sabana africana. Aunque unos pocos echan raíces en un lugar concreto, cuando las cosas empiezan a ir mal se lo toman como una prueba fehaciente de que no se puede confiar en nadie, por lo que acaban marchándose de nuevo.

SECRETOS: Como custodios de la tierra y vigilantes, muchos Swara prefieren aprender cosas sobre el orden del universo. Por supuesto, este conocimiento refuerza su paranoia, pero ayuda a la vez al Pueblo de Plata a realizar el trabajo que les impuso Selene.

DONES DE TRIBU INICIALES: Garras de Diamante o Vuelo de Impala.