Portada

 

 

 

EL CENACULUM DE DIOS

" Y ahora, yo te digo: Tú eres Pedro, o sea Piedra, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las fuerzas del infierno no la podrán vencer " (Mateo 16, 14-18)

La Inquisición es una estructura perfectamente organizada y jerarquizada en la que cada uno de sus miembros conoce en todo momento qué es lo que debe hacer.

Cuando se instituyó la Sociedad de Leopoldo había numerosos detractores, entre ellos cardenales y obispos que verían como su poder disminuiría, ya que hasta el momento ellos eran los que habían perseguido las herejías; su argumento era que “Sólo con fe un solo cristiano puede combatir a todo el mal”, a lo que el papa Inocencio III respondió: “Quien combate solo al mal tiene el mismo éxito, que el cruzado creyente en que la cruz grabada en su espada lo salvaría de la muerte”… La jerarquía inquisitorial es estricta, pero los numerosos Inquisidores se organizan a su vez entre ellos en Cenacula; hay unos pocos tan grandes que se mofan de ellos llamándolos “sectas”.

La Inquisición se ha especializado, y diversas órdenes y divisiones internas Cazan a seres específicos o en zonas determinadas. El Provincial es el encargado en cada zona de tratar con los grupos específicos, aunque en algunos casos éstos deben obediencia a su propia jerarquía.

Cenáculum: Un grupo de Inquisidores que se une con un fin y unas ideas comunes se llama vulgarmente Cenáculum. Éstos difieren completamente entre ellos: los hay grandes de más de veinte o incluso cuarenta personas y pequeño en los que en el mejor de los casos son tres; los hay ricos y poderosos, instalados en un palacio nobiliario u obispal y pobres que no pueden permitirse ni un techo propio… Hay quienes tienen fe ciega en la Teurgia, o que la odian y solo creen en la Fe Verdadera… Son tan diferentes entre ellos, como los Cazadores que los conforman. No es necesario que estén aprobados por el Provincial, por lo que en Cazas especiales a veces se unen diversos Cenacula en uno solo de gran renombre; sin embargo para participar en la política de la Sociedad de Leopoldo es necesario que esté aprobado por el Provincial correspondiente. En el Cenáculum destacan dos figuras: el Abbé y el capellán. El Abbé es el líder, mientras que el capellán es un sacerdote (a ser posible, sino un monje con fuertes creencias) que hace de confesor, administra los sacramentos y oficia las misas cuando el Cenáculum se ve imposibilitado para ir a la capilla local de la Sociedad por circunstancias ajenas o simplemente porque no hay ninguna.

Si el grupo de Cazadores es muy pequeño, es normal que ambos cargos recaigan sobre la misma persona. Hay diversos Cenacula que en menos de un siglo de existencia que tienen (desde la instauración de la Sociedad de Leopoldo) han conseguido una fama y un renombre tan grande que pocos no han oído hablar de ellos. De ellos suelen salir los grandes Provinciales y más poderosos Censores.

Sectas: Hay grupos que ya estaban conformados antes de la creación de la Sociedad, o que se formaron inmediatamente después de ésta. Su poder y peso político es indiscutible y son el corazón de la Inquisición.

Esta es la lista de las sectas inquisitoriales.

El Brazo armado de la Inquisición, Gladius Dei: Este cuerpo de elite, la ‘espada de Dios', es la orden más distinguida dentro de la Sociedad. Sólo se accede a ella por invitación, es comparable a una orden de caballería en el seno de la Inquisición. Sus miembros son, en muchos sentidos, los Inquisidores ideales: leales sin falta, esforzados, valientes y capaces. Los miembros del Gladius Dei pueden formar parte de cualquier otro Cenáculum, pero se les reúne para llevar a cabo las misiones más peligrosas que planee la Sociedad. Los miembros del Gladius Dei son seleccionados uno a uno por el mismo el Inquisidor general, y actúan bajo su autoridad directa. Desgraciadamente la invitación a unirse al glorioso grupo es un martirio, pero sus miembros son los Inquisidores más respetados y eficaces... si es que sobreviven.

El Gladius Dei admite a miembros de cualquier secta o facción de la Sociedad, y ni siquiera les pide que finalicen su relación con tales grupos. No obstante, al unirse al Gladius Dei lo más frecuente es que las conexiones con otros grupos se disuelvan, particularmente cuando tales conexiones pueden causar problemas: la lealtad es inevitablemente transferida de cualquier otra afiliación al Gladius Dei. Algunos miembros del grupo actúan juntos en Cenacula, mientras que otros operan en el seno de Cenacula ordinarios, preparados para ser llamados al deber en cualquier momento. Se diferencian entre ellos gracias a un broche de oro que llevan siempre para cerrar la capa y que, según dicen, tiene propiedades increibles. Últimamente algunos Gladius Dei se especializan en la protección de monasterios y Cenacula, y conforman lo que algún día se llamaran los Condotieri.

Los hijos de Lázaro: “Dios es el único que puede triunfar sobre la muerte, y sólo por su poder somos capaces de hacer lo mismo” Para los hijos de Lázaro, los Vampiros son culpables de la mayor de las transgresiones al pretender haber derrotado a la muerte misma. El Cenáculum preferiría que la Inquisición se centrase más en la eliminación de los Vampiros.

Sus preocupaciones e ideología llegan directamente al propio Leopoldo de Murnau; la mayor parte de su Testamento se refiere a sus observaciones y creencias acerca de los no muertos. Es más, Leopoldo murió combatiendo a una de estas criaturas, así que la Sociedad por él fundada tiende a sentir una animosidad especia contra los Vampiros.

Esta secta es la mayor de todas y también algo extremista. Varios de sus miembros más radicales se niegan a contemplar con un mínimo de respeto las misiones de otras sectas o Cenacula: los magos, argumentan, morirán de todos formas, como los hombres lobo, pero los vampiros permanecerán con nosotros hasta la Parousia, y son el enemigo más fuerte.

Los Sambenitos: Según a quien te dirijas, este grupo no existe o es un veneno en el corazón de la Sociedad. Los Sambenito son Inquisidores que siguen las creencias de Rafaelle Renzi, el hereje Florentino, y en vez de intentar destruir a los sobrenaturales, intentan ayudarles en lo posible. Sólo se puede ser un Sambenito y operar en el seno de la Sociedad durante un tiempo; finalmente, el conflicto de intereses será demasiado obvio y persistente. Entonces o abandonan la Sociedad de Leopoldo fingiendo su muerte y siguiendo su propio camino o se enfrentan al calor de la hoguera.

Muchos Inquisidores, en uno u otro momento, han meditado en secreto acerca de los argumentos de Renzi. Aunque está por ver si esta tendencia acabará prevaleciendo en la Sociedad o siendo aplastada por ella.

Hermandad de Santa Clara: La secta de Santa clara en el seno de la Sociedad está formada por Inquisidoras que pronuncian votos de extrema pobreza para conseguir dones curativos. Rechazan todo tipo de posesiones y comodidades, excepto el equipo que les entregue la Sociedad para una determinada misión. Son excelentes acelerando el proceso curativo, o haciendo sanar las heridas, ya sean de origen normal o mágico. Aunque muchas están entrenadas en los procedimientos médicos contemporáneos siguen confiando en la oración, la devoción y la imposición de manos.

Orden de San Miguel: Antoninus fue un general romano del siglo V, que preocupado por el Apocalipsis cuyos inicios veía en la decadencia final del Imperio Romano, fundó esta orden para luchar contra el demonio y sus servidores de forma directa. Sus miembros están preocupados sobre todo por la actividad infernal y la presencia diabólica. No buscan al infierno en ‘otras cosas' (vampiros, hombres lobo magos) como hacen sus colegas, sino que buscan la presencia directa de lo diabólico en la tierra. Algunos Micaelitas estudian Teurgia, pero no hasta el punto de los Albertinos. Lo hacen con una perspectiva más pragmática, no por curiosidad intelectual. Aunque en progresiva decadencia porque ya no hay tantos jóvenes que quieran pertenecer a esta orden, es la más prestigiosa y en ella se apoya el Inquisidor General tomando como modelo a Leopoldo a quienes los Micaelitas ayudaron a fundar la Inquisición.

La orden de San Pedro: Como San Pedro derrotó en Roma a Simón Mago, así estos Inquisidores buscan acabar con encantadores, brujas y hechiceros (incluyendo magos vampíricos).

En cierto modo, los mortales tiene poco que temer de los Magos, que no buscan causarles daño directamente. Pero de todas formas, los Magos suelen ser identificados con brujas, satanistas, y otros personajes, cuyo poder debe surgir obviamente del mismo Infierno. Los miembros de la Orden de San Pedro se muestran en vehemente desacuerdo con la fraternidad de Alberto en su uso de la Teurgia (“El diablo escondiéndose en actos del bien” dicen), pero aún no han actuado contra los Albertinos. Muchos miembros de esta orden parecen particularmente resistentes a la Taumaturgia del enemigo.

Los miembros de la orden que se convierten en censores parecen disfrutar con sus frecuentes investigaciones a los Albertinos.

Los hijos de Tertuliano: Esta Subsecta está profundamente interesada por los Wraiths y demás espíritus demoníacos. Los Hijos, no obstante, son en muchos aspectos una reminiscencia de los primeros días de la Inquisición; creen que cualquier ser que hable en contra de la Palabra de Dios, debe estar poseído, así que tiene una preocupación por la ortodoxia mucho mayor que el resto de la Sociedad. Lo que es peor, han llegado a recurrir a la tortura ocasional al tratar con personas que a las que creen poseídas... una forma muy desafortunada de atender a quienes se supone que han de salvar. Sea como sea, los Hijos de Tertuliano tienden a ser competentes exorcistas. Muchos miembros de la Sociedad de Leopoldo pueden estar interesados en problemas de fantasmas y posesiones, pero no todos están de acuerdo con los Hijos de Tertuliano.

La Fraternidad de Albertus: Estos Inquisidores siguen las enseñanzas de Alberto Magno, que se creía que la magia era maligna, pero que debía ser aprendida para poder combatirla mejor. Los miembros de la Fraternidad de Alberto, o Albertinos, sobresalen en las artes de la Teurgia, y la han usado con grandes resultados en su lucha contra lo sobrenatural. Aunque se les sigue llamando fraternidad, estuvieron entre las primeras sectas a la hora de admitir libremente a mujeres en sus filas.

Sin embargo, no siempre se confía en los Albertinos. Muchos Inquisidores siguen creyendo que la ‘magia buena' es simplemente una ilusión que abre la puerta a la magia negra. Aunque, sorprendentemente, ningún Inquisidor General ha proscrito expresamente la Teurgia. Algunos cínicos opinan que los Albertinos tienen algún control sobre el Inquisidor General. No es raro que éste designe a un Teurgo experimentado para formar parte de su consejo personal, algo que da crédito a las acusaciones de los más cínicos.

Se pide a todos los miembros de la Fraternidad de Alberto (y a cualquier otro Teurgo) que se registren en el Oficio de Censor.

Aunque los Albertinos colaboran con sus camaradas Inquisidores, corren rumores de que la Fraternidad tiene su propio Cenaculum privado para estudiar sus artes. La mayoría de los Albertinos se ríen de esta idea.

Padres de la Buena Muerte: Este grupo, que admite sólo a sacerdotes completamente ordenados, cree que los Vampiros son espíritus malignos anteriores al Diluvio, criaturas inmortales que han engañado a la ley de la muerte poseyendo los cadáveres de los no vivos. La presencia de estos espíritus es la responsable definitiva del declive espiritual de la humanidad. Los Padres de la Buena Muerte tienen la misión de seguir la pista de estos espíritus y acabar con ellos, restaurando el equilibrio de la naturaleza.