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El golpe fue extremadamente doloroso, veía mil colores frente a él cada uno más brillante que el anterior. Lentamente aquel carnaval de destellos y el banquete de dolor fueron remitiendo, hasta que no quedó nada más que un cielo azul con algún que otro jirón de nubes.
Un rostro familiar apareció entre su persona y el cielo, era el rostro de Tomás Callaghan, su primo.
-Vamos Harry, salgamos de aquí mientras tenemos tiempo-dijo, Tomás se percato de que su rostro, que generalmente es de un saludable verde oliva con unos ojos rojos brillante, estaba pálido y contraído en una mueca que claramente demostraba el miedo que sentía.
-No-alcanzó a mascullar Harry quien sentía su garganta reseca.- Masacraré esa villa y mataré a ese maldito- agregó mientras que con cierta dificultad se ponía de pie. Cogió su hacha, se sacudió el polvo de sus vestimentas y avanzó de nuevo por el camino. En su paso firme se podía ver la determinación, el orgullo y testarudez o ¿Tal vez era estupidez?
Tomás levanto la vista y se percató de que el rival de su primo estaba allí, de pie al final de la calzada, con su armadura tan brillante como los rayos del sol, exquisitamente decorada, su capa granate ondeaba a voluntad dándole un aire sumamente memorable. No portaba casco alguno dejando al descubierto su rostro azul, su cabellera blanca y aquel par de cuernos, su mandíbula cuadrada y sus ojos fieros que le recordaron al joven los relatos sobre los Guerreros del Norte, los saqueadores hijo de Thor, dios del rayo y el Martillo.
Tomás sintió un escalofrió al repasar aquella egregia apariencia de nuevo, y en especial cuando fijó sus ojos en aquel martillo cuyas runas brillaban con una especie de furia; el joven Redcap tragó saliva y luego dijo.
-Bueno Harry, si sobrevives a esto sabrás que nadie sensato debe meterse con aquello que un Troll ha jurado proteger-agregó mientras se daba la vuelta y se alejaba de aquel campo de batalla que seguro seria la tumba del ingenuo y poco consiente de Harry O´Harey
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Deber, fuerza y honor. Esos son los principios de un Troll. Son guerreros sin igual entre la Estirpe, amantes de la sencillez y la sinceridad. Son seres pacientes y caballerosos que suelen jurar protección a los que menos pueden valerse por sí mismos. Lo que para otros es un acto de ingenuidad, para ellos es el más alto honor.
Asimismo, estos duendes jamás rompen su palabra o una promesa. Su valor y estoicismo les ha hecho merecedores de un gran respeto, particularmente en la Corte Luminosa. Son cuidadosos en las formas, representan los valores de la Corte Luminosa y además son respetuosos con sus gobernantes, por lo que suelen recibir a cambio los parabienes que merecen. Ahora bien, también son testarudos e irascibles, y cuando montan en cólera difícilmente hay enemigo que pueda hacerles frente. APARIENCIA: El Troll más pequeño mide dos metros de alto. Son enormes, con cuerpos trabajados y musculosos. Algunos prefieren tomar el aspecto de guerreros o artesanos, aunque no pocos visten como nobles que recuerdan a los héroes de la mitología escandinava. Todos tienen los ojos verdes o azules muy claros, dientes más poderosos que los de un lobo y cuernos en la frente. No pocos además tienen la piel azulada.
AFINIDAD: Hada
PRIVILEGIOS y FLAQUEZAS: Los Trolls tienen una fuerza descomunal, sin comparación en la Estirpe, y también son tan testarudos como para sacar fuerza de voluntad casi en cualquier situación para cumplir con su deber. Ahora bien, esta actitud provoca que si rompe su palabra o un juramento, desaparezcan casi todas sus capacidades hasta que recupere el honor. |