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El vagabundo avanzaba corriendo a través de los estrechos callejones de la Ciudad de El Cairo. Corría con presteza mirando de vez en cuando sobre sus hombros con la esperanza de que sus perseguidores decidiesen dejar la cacería para otra ocasión.
Había llegado a un callejón ciego y frente a aquella situación no pudo hacer otra cosa que lanzar un suspiro; se giró para ver a sus cazadores y se percató de que aun seguían en pie de lucha, podría combatir contra ellos; poseía armas muy poderosas y una magia única, pero Sarin Al-Wazir no se perdonaría nunca el matar a un grupo de niños.
-Qué diantre, me han ganado-les dijo mientras levantaba sus manos en alto.
-Hurra-gritaron todos los niños-¿Ahora nos relatarás tus cuentos?-le preguntó uno.
-Tenemos como pagarte-replicó otro que elevó un saquillo y lo hizo tintinear.
-Aquí tengo un saco con dátiles –dijo otro
-Aquí hay más fruta –agregó un tercero y un cuarto comunicó que poseía un pellejo lleno de leche. Sarin se sintió ofendido ¿Cómo podían esos pequeños concebir tan horrible ideas? ¿Cómo se les podía ocurrir que el vendería su orgullo y su legado por una sucias monedas y algo de comida?
-No, bajo esos términos no lo haré-replicó
-Entonces considérate nuestro huésped, nosotros somos la corte de los mil emires y tu eres nuestro invitado de honor-respondió uno de los niños-Esto es un simple agasajo.-Sarin sonrió frente aquel despliegue de creatividad y asintió.
-Así me gusta, por cierto, ¿de dónde han sacado la fruta, el dinero y la leche?
-Es de mala educación hacerle semejantes preguntas a los invitados-contestó el chico
-Tienes razón -dijo Sarin- pásenme esos dátiles, acomódense en el callejón y empecemos de una buena vez.
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Eshu es sinónimo de aventura. Desde sus orígenes en la India, Oriente Próximo y el Magreb se han extendido por las cortes y aldeas de todo el mundo conocido junto a sus cánticos y leyendas. El encanto, la astucia y el ingenio son parte de su naturaleza y rasgos que valoran y aprecian en los demás.
Con todo, astucia no siempre significa nobleza. A los Eshu les encantan los juegos, las trampas y ardides. Engañan y aceptan ser engañados. Roban y aceptan ser robados si no se percatan. Como bardos, comerciantes y artistas han reunido una reputación a mitad de camino entre la fama y el desprecio, por lo que no se sientan a las grandes mesas... pero suelen estar de pie cerca de ellas. Son seres orgullosos y dignos que valoran cada nuevo conocimiento pero nunca admiten la humillación. APARIENCIA: Casi todos tienen rasgos oscuros, de corte árabe o persa, aunque se han introducido en prácticamente todas las culturas existentes. Son en todo caso siempre apuestos, bien vestidos y van mejor perfumados.
AFINIDAD: Escena
PRIVILEGIOS y FLAQUEZAS: Los Eshu tienen un sentido privilegiado del tiempo y la distancia, lo que les permite estar en el momento adecuado en el sitio preciso. Además gozan de una gran memoria para seguir actualizando su repertorio de historias y canciones. No obstante, en ocasiones son muy temerarios. Se arriesgan por cualquier cosa que llame su curiosidad o por un desafío especialmente ingenioso sin medir en exceso las consecuencias. |