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Pierre Lamond era el bromista más grande de todo Paris. No, de toda Francia. No, de todo el Mediterráneo. No, de toda Europa… bueno eso pensaba él.
Ahora que corría por los bosques como un demente, bañado en barro y miel, siendo perseguido por abejas, una ave enfurecida y otros insectos no le parecía tan gracioso. Si hubiese sido otra persona la que se hallase en la misma situación él se habría reído hasta orinarse encima y luego de darse cuenta de lo que habría hecho, tomaría algo de aire y continuaría con su risa.
Pierre era detestable, un bromista de tercera que solo sabía hacer bromas pesadas que eran graciosas solo para él, carecía de sentido de humor. Por eso aquella situación no le parecía graciosa, por eso gritaba cada vez que escuchaba aquella sonrisa que parecía venir de todos y de ninguno a la misma vez. De repente la escuchó de nuevo y recordó a aquel niño al cual había lanzando contra una pila de excremento o algo así, aquella había sido su broma maestra.
Perdido en sus divagaciones Pierre no vio el barranco, así que no pudo cambiar de direcciones y se cayó. Para su suerte, aquella depresión en el terreno no era muy profunda, así que sobrevivió a la caída. Cuando levantó la vista observó que en el borde del mismo estaba el mismo jovencito.
-¿Acaso no sabias que quien ríe al ultimo ríe mejor?-le preguntó -¿Por qué no te ríes? Es una buena broma-añadió con la diversión pintada en el rostro.
Pierre trató de decir algo, pero no pudo. Intentó ponerse de pie, pero se le hizo imposible. –Bien, veo que no te diviertes, es verdad ¿Quién puede divertirse solo? Así que te enviare a dos amigos míos –acto seguido el joven le lanzó un conejo recién degollado.
El cadáver cayo sobre el cuerpo de Pierre, aun estaba tibio y sangraba mucho
-Ese es mi primer amigo, el segundo vendrá dentro de un rato, tal vez traiga compañía-agregó divertido mientras se llevaba una mano a la oreja. Pierre pudo escuchar claramente un aullido a la lejanía.- Bueno me voy, Tengo que volver a casa y tomar un baño, el estiércol no sale por si solo, y eso que me tocaba baño dentro de unos cuatro meses. Medita eso amigo, meditadlo-añadió la figura mientras se alejaba del borde. De nuevo Pierre escuchó el aullido de los lobos y supo que su fin estaba cerca. Por alguna razón no pudo evitar comenzar a reírse como un demente, no entendía el por qué de aquella forma de actuar, ya que aquella situación carecía de gracia, ¿o no?
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Este Linaje pasa por ser el más amigable y parlanchín de la Estirpe. Pero según quién lo cuente, también es el que más lleno está de ladrones, mentirosos, bribones y sinvergüenzas de toda clase y condición. Son amantes de las bromas y la juerga, evitando el trabajo y la responsabilidad tanto como pueden.
Son fuente de todo tipo de rumores falsos y a su alrededor todo se suele volver un caos infinito que les provoca interminables carcajadas. Son excéntricos a los que les encanta disfrazarse y no tomarse absolutamente nada en serio como un buen método para huir de todo lo rutinario y mundano. Además, comparten una afinidad excepcional con algún tipo de animal al que se parecen y con el que en muchas ocasiones suelen confundirse. Tanto que en ocasiones parecen más Cambiaformas que Changelings. Con todo, la parte Luminosa del Linaje lamenta siempre cuando una broma ha sido demasiado pesada y suelen ser leales en los momentos importantes. APARIENCIA: Todos dan una sensación de ternura casi infantil. Además, según al animal que recuerden adquieren su forma de actuar, movimientos o incluso apariencia física. Suelen ser peludos y gráciles.
AFINIDAD: Naturaleza
PRIVILEGIOS y FLAQUEZAS: Los Pooka son capaces de adoptar a voluntad la forma de un determinado animal con el que son afines. También son seres encantadores que suelen convertirse rápidamente en buenos amigos y confidentes. No obstante, todo Pooka tiene una tendencia irrefrenable para mentir. Sean sutiles o descaradas, las mentiras forman parte de cada frase que diga un Pooka. |