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LEYENDA DE UN ÁNGEL CAÍDO

En algún lugar del Cáucaso...

Sé cómo os sentís .

Confusos.

Atrapados. Como si después de mirar al sol a la cara os hubieran confinado a una celda oscura en la que sólo hay una rendija de luz.

Solos. Durante milenios estábais en compañía vuestros iguales, aullando vuestra ira al vacío y ahora os encontráis en un mundo desconocido, rodeados de seres que os son familiares y a la vez completamente ajenos. Sustento y maldición.

Indefensos. Érais más que dioses. La Creación obedecía hasta vuestros más ínfimos deseos. Ahora esa fuerza ha desaparecido, una débil sombra de lo que fue.

Sé cómo os sentís porque me ocurrió lo mismo. Pasé de espíritu a carne. Prisionero de un cuerpo al que odié con todas mis fuerzas.

Paralítico y ciego. Sordo y mudo. Así es como me sentí. Yo que una vez volé entre las estrellas. Yo, que iluminé con mi sola presencia los espacios infinitos del Universo. Ni las partículas más infinitesimales escapaban a mi visión. Y obedecían mi voluntad.

Yo era Reziel de la Primera Casa.

El Fuego de Poniente.

Mucho tiempo ha pasado desde entonces, y es el odio lo que me ha hecho aguantar. Odio hacia un Creador egoista y cruel. Hacia unos hermanos cobardes y serviles. Hacia unos compañeros que traicionaron la visión de Lucifer sin molestarse en comprenderla, espoleados por su propio miedo.

Durante siglos fuí un demente. Me encadené a un trono hecho con las espadas de mis enemigos, y, como un sapo abotargado, revolcándome en mi propia podredumbre, me dediqué a corromper la Creación. Miles de mortales acudían en busca de guía y yo le susurraba consejos al que en ese momento se sentara en mí. Asirios y Babilonios, Cimerios y Escitas, Partos y Medos, incluso de la lejana India llegaron en busca de consejo. No soy más sabio que ellos, simplemente sé lo que quieren oir. Es curioso cómo por unas migajas de conocimiento los hombres pueden darte la cosa más preciada del Universo. Tienen el potencial de crear universos y lo desperdician en sanguijuelas como nosotros... Pero dejemos la autocrítica, continuaré con mi historia.

Con la llegada de esa basura llamada cristianismo y esa copia absurda que es el islam mi poder, como el de otros como yo, disminuyó. Nos abandonaron por las estúpidas promesas de un camellero y de un carpintero sarnoso. Pescador de hombres, le llaman. Y bien que los pescó...

Dicen que los dioses mueren cuando dejan de creer en ellos. Nosotros no lo hacemos, nosotros no estamos hechos de sueños si no de la realidad más radiante y por ello permaneceremos hasta que se quiebre el mundo. Simplemente nos vamos consumiendo a medida que el caudal de energía divina decrece. ¿Habeis visto esos peces que chapotean en el fango de un lago desecado? Así es como me sentí, boqueando por una migaja de Fe que me mantuviera consciente. Y sin embargo tuve suerte. Aquí, en estas montañas, conservé unos jirones de mi culto. Esos sucios pastores que os han acompañado hasta aquí, así como los padres de los padres de sus padres me han servido bien. Son brutales, y muchos de ellos tienen menos inteligencia que las cabras que cuidan. Pero me adoran. Y eso es lo más importante. Lo que me permite estar hablando ahora con vosotros.

Últimamente, he de confesar que estaba resignado ya a permanecer aquí como una mera sombra, hundido en la miseria, reconcomido por mi furia. Pero he visto el camino.

Apareció en mi santuario con la forma de un viajero cansado. Todos los que volasteis junto a él en aquel Primer Día sabeis cómo resuenan las moléculas ante Su Presencia, como si se regocijasen y cantasen Su Gloria. Al sentir aquello, eones de recuerdos convirtieron mi espíritu en un torbellino. Incluso el hierro del trono gimió. Y habló, ¡el Portador de Luz me habló!, y su voz era suave como el crepitar del fuego y poderosa como el rugir de un sol. “Reziel” me dijo “no os he olvidado. He vuelto a prender las semillas de la Rebelión y necesito vuestra ayuda”. Y me contó su plan. Sabed que vuestros nombres fueron susurrados en sueños a estúpidos mortales para que os trajeran de nuevo a la Creación. Él lo hizo.

Va a volverlo a intentar. Va a derribar las Puertas del Cielo con la Justa Ira del Hijo, abandonado y repudiado por Aquel al que consideró un padre. Pero no puede hacerlo solo, incluso alguien tan grande como él necesita de nosotros, meras chispas que nacen de su fuego. Por ello estáis aquí. La Guerra Eterna debe continuar y nosotros seremos sus paladines. Sus Ángeles de Venganza, pues Venganza es lo que queremos. Solo el Ojo por Ojo puede calmar nuestra sed de justicia.

Algún ingenuo dijo que la Fe mueve montañas. Se equivocaba. La Fe puede rasgar el velo mismo de la Realidad y transformarla a nuestros designios. Y esto es lo que haremos.

Pero antes, debéis de conoceros un poco mejor...

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