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No debemos olvidar nunca la traición. Dios y sus acólitos nos odian. Él nunca perdonará que no obedeciéramos sus órdenes. Ellos no recuerdan nada de nosotros. Se han olvidado de nuestra unión y primigenia y nos destierran al olvido.
Pero no todos.
Algunos lazos entre nosotros han permanecido unidos a pesar de todo el tiempo que ha transcurrido. Entre los humanos hay quienes nos pueden Invocar. Debemos ser cuidadosos, pues algunos de estos hechiceros son capaces de convertirnos en marionetas suyas. En cambio, otros son la puerta perfecta para regresar de nuevo al mundo terrenal.
Tened cuidado, entonces, hermanos. Alejaros de las plegarias de expulsión o de determinados exorcismos. Dios todavía intenta continuar la guerra mediante estas armas de algunos sacerdotes. Y no descuideis tampoco la fe que los hombres siguen depositando en Dios. Él está vigilante. Nos observa. Intenta dañarnos de nuevo. Los lugares santos deben ser evitados.
Nuestra corrupción debe ser sutil, dañando los cimientos de la casa de Dios, no entrando en ella a sangre y fuego. |