| “Dices que quieres conocer el futuro”, Aredel lo miró fijamente con sus enormes ojos negros de gitana. El muchacho asintió, muy serio. "¿Eres consciente de que lo que veas puede que no te guste?". El muchacho volvió a asentir. Aredel se rascó el mentón y se levantó de su sillón. Caminó alrededor del joven, con cuidado de no tropezar con los cachivaches repartidos por el suelo de la tienda. El maltrecho cuerpo que había poseido apenas podía caminar con normalidad, sólo gracias a su energía demoniaca había evitado que muriera. Miró al chico. Estaba visiblemente nervioso, probablemente notaba que la vieja gitana no parecía ser la misma. Sabía que había venido a preguntar sobre cosas mundanas, podía ver en sus ojos el reflejo de una muchacha, la preocupación por la cosecha. Mil pequeñas cositas que para Aredel no tenían ni la más mínima importancia. Decidió que iba a enseñarle cosas de provecho.
"Muy bien, prepárate", y puso las manos en la cabeza del joven, que dió un pequeño salto, sorprendido. Se movió entre las probabilidades. Era como viajar entre un bosque enmarañado de ramas luminosas. Sabía que el cerebro del muchacho no lo resistiría, pero no le importaba nada. Distinguió una rama más gruesa en la que convergían otras y supo que había llegado donde quería ir.
Fuego y gritos. Humo. Sangre en una pared. Figuras a caballo. Gritos. El chico aterrorizado que corre entre las casas. La cruz roja y la espada que cae. El craneo partido, los sesos desparramados. Unos ojos abiertos, vidriosa mirada de muerte. Una mueca de sorpresa en la boca entreabierta del joven muerto.
Aredel sintió como algo se quebraba en la mente del muchacho.
El chico se levantó de un salto, trastabillando intentó salir de la tienda pero sólo consiguió tropezar y caer. Estaba completamente sudado, la mandíbula desencajada, los ojos aterrorizados. Murmuraba palabras inconexas.
"Me pediste tu futuro" dijo tranquilamente Aredel, "es lo que te he dado".
Gruesos lagrimones rodaron por las mejillas del chico, todo su cuerpo temblaba.
"Lo que has visto puede que ocurra" dijo Aredel sin saber si el muchacho entendería las palabras "o puede que no" Hizo una pausa calculada. "Si sigues mis instrucciones".
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Al principio, Dios diseñó los grandes engranajes del Cielo para regular el cosmo. La órbita de cada estrella y planeta ocupaba el radio de una rueda dentada, un volante celestial que unía otros mecanismos para configurar un dispositivo enorme e interdependiente. Los firmamentos se dividían en una intrincada tracería de órbitas, elipses, períodos y constantes, un diseño imposiblemente vasto que desafiaba la comprensión absoluta. Los Videntes capitaneaban estas grandes órbitas y circulos. Sabían cuándo y dónde estaría todo, ya fuera dentro de un día o dentro de mil años. De todos los ángeles ellos se contaban entre los más alejados de la humanidad. Amaban a sus hermanos y hermanas de barro, pero era su deber residir lejos del Edén e interactuar con los mortales por medio de misterios tejidos en la bóveda estelar.
Cuando llegó la rebelión, un factor principal dividió a los videntes. Fue uno de los suyos, un vidente llamado Ahrimal el que previo antes que nadie los ominosos presagios que habrían de desembocar en la Caída. En un principio, Ahrimal y sus compañeros creyeron que el inminente desastre ocurriría si los ángeles rehusaban intervenir, por lo que fueron los portavoces más fervientes de la rebelión. Lucifer apreciaba a los Perversos como consejeros y estrategas, pues su capacidad para adivinar el futuro le había conseguido varias victorias rápidas. La guera resultó costosa a la larga, no obstante, dado que los Perversos no habían anticipado su carácter destructivo.
Por último, Dios expulsó al Abismo a los rebeldes condenados, arrojando a los Perversos a un infierno especial para ellos. Antes habían sido criaturas del orden y de la existencia regulada, pero el Abismo no podía ser codificado, cartografiado ni dirigido. Sin los grandes mecanismos del Cielo para proporcionar una rutina mesurada, enloquecieron. Ahora la búsqueda de conocimiento y de respuestas les tortura.
Tormento inicial: 3
Saberes de la Casa:
- Saber de la Luz: Los secretos que permiten manipular la luz para crear potentes ilusiones.
- Saber de los Patrones: Los secretos que permiten leer el Gran Designio y predecir lo que ha de acontecer.
- Saber de los Portales: El poder para controlar los puntos de unión entre espacios y dimensiones.
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