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Lluvia Otoñal olió el suelo. Su sentido del olfato, altamente desarrollado en su forma lobuna, detectaba olor a corrupción muy cerca… El hombre corrompido por el Wyrm no podía estar muy lejos. Comenzó a correr por una colina y vio, a lo lejos, una cabaña con una luz encendida. El cerdo ese debía estar allí.
Apresuró la marcha. Había una joven miembro de la Parentela en manos de ese pervertido que debía ser salvada. No solo ella, sino el hijo que llevaba en su interior, debían ser devueltos al Túmulo intactos.
No tardó mucho en llegar, debido a la ligereza que le proporcionaban sus piernas lupinas, por lo que rápidamente se encontró delante de la cabaña. Se acercó a la ventana, ya en su forma natural, y observó el interior.
La joven estaba casi desnuda sobre la cama, llena de heridas y cortes en la cara y los brazos. Sus pechos estaban cubiertos de sangre, pero no parecía tener cortes en esa zona. Sobre ella, el apestoso hombre se reía ferozmente, mientras blandía un cuchillo de gran tamaño en una mano y bebía de una extraña botella que tenía en la otra. La joven intentaba liberarse, pero estaba fuertemente atada a la cama, con la boca tapada por una gran almohada.
El hombre bajó su cuchillo, dispuesto a cortar la última prenda de la joven que protegía el sitio por donde sería violada.
En ese momento, oyó un ruido estrepitoso que lo hizo caer a un costado. Aterrado, intentó comprender qué había ocurrido, cosa que no tardó en entender. Sobre la puerta derribada se encontraba el ser más aterrador que alguna vez hubiese visto. Una bola de pelo de más de dos metros que lo miraba de forma amenazante. La criatura se acercaba cada vez más. Perdió el control de lo que hacía. No tenía salida. Se tiró al piso y suplicó piedad… Lo último que oyó antes de morir fue una risa de ironía.
“No ha sido un mal trabajo”, pensó Lluvia Otoñal, mientras enterraba el cadáver en una colina a unos kilómetros de la cabaña. La joven había vuelto sana y salva. Una vez más, había salvado a una hermana de la perversión de los hombres.
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Esta Tribu es la única exclusivamente femenina en la Nación Garou. Defienden con ferocidad a su Parentela, así como sus antiguas tradiciones paganas. Aunque otros Lupinos las consideran débiles, están entre los Garou más agresivos y decididos que pueden encontrarse. De hecho, es tradición en la Tribu asesinar a los hijos varones que puedan experimentar el Cambio, costumbre que intentan evitar otras Tribus que aceptan adoptar a estos cachorros.
Las Furias también han tenido que pedir ayuda recientemente a otras Tribus, que la caza de brujas emprendida por la Inquisición las está mermando. Tienen complejos ritos arcaicos fácilmente detectables por los Cazadores, aunque eso también hace que tengan una fuerte relación con espíritus ancestrales de la tierra y la feminidad.
TERRITORIO: Reclaman Grecia como su patria, aunque se han dispersado por todo el sur de Europa. Ciudades y bosques de Italia, Francia e Iberia cuentan con miembros de la Tribu. Algunas manadas especialmente agresivas se hacen hueco en los Balcanes, aunque éste es un territorio repleto de enemigos de toda clase.
TÓTEM TRIBAL: Pegaso
DEBILIDAD TRIBAL: Las Furias Negras no toleran la crueldad de los hombres hacia las mujeres. Actúan ante cualquier indicio de abuso o injusticia de cualquier tipo en este aspecto, lo que provoca múltiples enfrentamientos en una sociedad machista como la del medievo.
DONES INICIALES: Sentidos Agudizados, Piel de Hombre o Sentir al Wyrm. |