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LAS RAZAS

Chico, todos nos parecemos, pero no todos somos iguales. Parece sencillo, pero esa frase esconde la propia esencia de nuestra existencia como Hombres Lobo. Desde el principio de los tiempos, miembros de nuestra familia han procedido de manadas de lobos y también de familias humanas. Así ha sido y así será siempre.

¿Mediante mordisco? Por Gaia, no te creas semejantes estupideces. Eso es lo que dicen los miembros del Wyrm para que la gente nos tema. Si mordemos hacemos un gran daño, pero no convertimos a nadie. Bien seamos nacidos de loba o de mujer, al llegar el período de madurez sufrimos un cambio brutal. Qué te voy a contar a ti, que acabas de pasar por ello. Sufrimos nuestra primera transformación, y otros Garou nos someten a un Rito de Iniciación.

Al superarlo, somos Garou de pleno derecho, aceptados como tales en una Tribu. Pero antes te explicaré más a fondo cada una de las razas que componen nuestra nación:

HOMÍNIDO: Son aquellos Lupinos nacidos dentro de la sociedad humana. Al llegar a su adolescencia se sienten inadaptados, pero mantienen durante toda su vida una especial debilidad por el resto de congéneres. Suelen considerar al resto de Garou de otras razas como meros paletos. Son además los que más contacto tienen con su Parentela y su familia. Eso sí, su comunión con Gaia es menor que la del resto de razas.

LUPUS: Son probablemente más numerosos que los homínidos. Nacen entre lobos, convirtiéndose desde jóvenes en miembros destacados de una manada. Generalmente se comportan con rasgos animales incluso cuando adoptan una forma homínida. Son muy claros y sinceros al hablar, ya que no terminan de comprender los ardides de la ironía o del engaño. Tienen además mejor percepción que los homínidos y una comunión con Gaia mucho más profunda.

METIS: Son los que más conocen la cultura Garou, y los menos aceptados en ella. Estos híbridos son hijos del pecado, de la unión de dos Lupinos. Por ello, muchos nacen estériles o deformes.Con todo, son probablemente los mejores guerreros entre los Garou y, sorprendentemente, los más leales al sentimiento de pertenencia a una manada.