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EL DESPERTAR DE LO INCREÍBLE

Mago en Mediterráneo Siglo XIV

Un.

Dos.

Tres.

Respira lentamente. Niégalo. Niégalo fuerte. No existe.

Oscuro. Ni una luz alrededor. Ni sientes nada porque no hay nada. Está muerto. Tú le has matado. Ese es tu don. Llora, intenta inútilemente expiar tu pecado, pero tus lágrimas no van a concederte la clemencia Divina.

¿Qué has hecho, Laia?

-Tú, zorra, es la última vez que entras en la taberna para ponerme en ridículo delante del resto de herreros. ¿Qué hacías enseñándole las tetas a Román?- gritaba él mientras te llevaba a empujones para entrar a la forja.

- ¿Quién te crees que eres?- chillabas tú clavandole las uñas en el brazo- Yo tengo que aguantar que te líes con la zagala esa que lava la ropa en el río y ¿tú no puedes ver cómo le muestro mis encantos a tu amigo? Pues que sepas que se le iban los ojos detrás de mí, estaba empalmado incluso antes de verme los pezones...

-Eres una guarra. Tú eres mi mujer y a ti no te tiene que importar a quién me follo. tú a cocinar, limpiar y a abrirte de patas cuando yo te diga- sus palabras te dolieron más que sus bofetadas. Te aguantaste el gemido de dolor para increparle:

-Tú, bastardo desagradecido, la niña sólo tiene 11 años y la has mancillado. Te has aprovechado de su inocencia para metérsela en la boca...Sí, no pongas esa cara. Te ví en la orilla, detrás de las jaras, dónde pensabas que nadie podría oirla.

- ¿Cómo? No has podido vernos, tú estabas entregando los cuchillos al carnicero... Mientes. Te lo estás inventado.

- ¿Quieres que te diga paso a paso como le quitaste el camisón blanco, cómo sangró cuando la penetraste, cuántas veces te pidió que no lo hicieras tan fuerte? No estaba allí. Lo he visto en mis sueños. Ellos me han traido tu traición hasta mí porque yo se lo he pedido. Sabía que habías hecho algo, lo presentía. Así que hice una ofrenda a Morfeo y él me ha traido tu sucia acción para que me pueda vengar.

- Bruja, más que bruja...Este hierro te enseñará a no usar más tus malas artes- él estaba colérico. Se acercó al fuego después de golpearte contra el suelo. No eras nada en sus manos. Es un hombre corpulento y acostumbrado a las peleas. No tenías salida. Consuélate pensando que era o él o tú.

Te arrastró cogida por los pelos por toda la forja. No tenías fuerza para resistirte. Y tu odio crecía, pero era mayor tu impotencia. No te ibas a quejar ahora de que fuera grande y fuerte cuando fue precisamente eso lo que te atrajo de él: sus grandes manos. Puso a calentar el hierro para marcar reses en el fuego:

-Ahora sí que vas a aprender a respetarme y no meterte en mis asuntos. La niña esa llevaba semanas provocándome, enseñándome sus tetas pegadas por el agua mientras lavaba la ropa. Yo le dí lo que ella quería.

Un

Dos

Tres

Primero sentiste. Te quiero, cabrón, todavía siento que te quiero

Luego pensaste. Ojalá te mueras para así no tener que amar a un cerdo repugnante como tú.

Después sufriste. Clavó el hierro contra tu espalda, el olor de tu propia carne quemada te hizo reaccionar. El fuego que se metía en tu piel puso a hervir tu ira.

Por fin estallaste. Deseaste que se tropezara con las tenazas que había dejado caídas justo detrás de su pie izquierdo y se cayera a la forja. Deseaste que la Casualidad te sacara del apuro y eso hizo. Se plegó a tu voluntad y lo sabes. Ahora no llores por lo que has deseado. La pérdida de hoy te enseñará a ser más prudente y templada.

Abre los ojos de una vez y mírame, Laia. Tu don es la Entropía. Manejas los hilos de la casualidad. Eres una bruja, pero eso hace tiempo que lo suponías. Fui yo quien permitió que ese sueño llegara a tu conciencia gracias un poder que llamamos Mente. Cuando viniste a verme para que te echara las cartas ya sabía que esto iba a pasar, pero no te lo quise decir. Desde hoy serás mi pupila, yo te enseñaré como echar mal de ojo y protegerte de los hados desafortunados. Eres una Euthanatos como yo. Lévantantate de una vez, niña. Que pronto vendrán a la herrería, descubrirán su cadáver y te acusaran de su muerte. No tenemos tiempo que perder. La Muerte nos necesita como sus heraldos.

La Guerra de la Ascensión

Las Esferas

Ingredientes mágicos

El Azote

El Jhor y la Locura

La Esencia de la Magia

Otros mundos

 

Extensiones (EN PREPARACIÓN)

La Casa Hermética de Hogwarts

Ars Mágica: la tradición Hermética frente a las Esferas