 |
“Todo patas arriba, como siempre. No sé por qué me molesto en seguir viniendo a hacerle encargos…Si no viniera yo hace tiempo que se hubiera muerto de hambre, no me cabe duda” , farfulla un hombre regordete mientras le haces esperar. Su pelo es fosco, y a pesar de la edad, sigue casi negro. Se muestra algo impaciente. Lo cierto es que estás tardando mucho. “¿Dónde lo habré puesto” , te lamentas, “¿Dónde lo dejaría?” .Botes y más botes. Esencias, plantas, hierbas, semillas, líquidos de colores extraños, pero ni rastro del reconstituyente que te encargó. “El dinero escasea, es preciso que lo encuentre y me pague. Si funciona en la tripulación sin duda me hará más pedidos, y quizá se corra la voz por el puerto y el resto de capataces…Dejemos de soñar, que todavía ni he encontrado el maldito tarro” . Comienzas a desesperarte. Hace varios días que acabaste con ese trabajo, y otra investigación te ha tenido absorto noche y día. No recuerdas dónde lo guardaste, y el desorden reinante es tal que dudas poder hallarlo antes de que a Kalefas se le acabe la paciencia.
- Muchacho, se me agota la paciencia. Te doy cinco minutos y me marcho. - Sus pobladas cejas se fruncen cada vez más. Empieza a enfadarse, Kalefas es un hombre impetuoso e impaciente y ya ha aguarda más de lo razonable.
Sonido de pies arrastrándose por el suelo. Es Luciola, el único criado de la Alianza que quiso marcharse contigo. Te inquieta, no es exactamente un ser humano. Te giras para pedirle ayuda, para gritarle y desahogarte por tu error. Abres la boca para chillarle, en cambio, tu expresión se torna en una sonrisa. “Decidme dónde estaba, me he vuelto loco buscándolo” , dices mientras Luciola os tiende el frasco del reconstituyente. “ En el armario de vuestra alcoba, señor ”, responde con parquedad.
- ¡Loados sean los dioses, Andrés ¡ Por fin lo encontrasteis. Ahora mismo se lo voy a dar al Capitán para que se lo eche a los marineros en la comida de hoy. Vienen muy cansados de la última travesía, nos topamos con un par de tormentas. Dos de los marineros han contraido un resfriado o algo así, suponemos que por la humedad del tiempo. Bueno, ahí te dejo el dinero acordado. ¿Nos vemos en la taberna esta tarde? - Kalefas vuelve a sonreír, se ha relajado en cuanto le entregas el brebaje. Su barriga se mueve de arriba abajo cuando ríe: es enorme. Te preguntas cómo se mantiene tan ágil dentro del barco con esa panza. Se despide con un caluroso apretón de manos y se marcha a grandes zancadas de tu laboratorio.
Nuevamente solo. Él, tu daemon, se aparece ante tí. Tiene la apariencia que crees que tendría tu padre de haberle conocido:
- Andrés Saldaci, aprendiz de Solificati, orgulloso y testarudo. Intentando brillar con luz propia mientras todas tus ideas se apagan. ¿Dónde están todos esos descubrimientos que pensabas hacer? ¿Dónde? El polvo se acumula sobre tus libros, tus frascos y tus cacharros. No eres nada, Andrés, nada. Vuelve son los tuyos, aún te queda mucho por aprender de tus maestros.
Tiene razón. Siempre la tiene.
_________________
La Magia es el camino de la perfección. Hace del hombre de arcilla un espíritu de oro. Esta es la mentalidad de los alquimistas Solificati. Estos Magos transforman la Materia como medio para su propia metamorfosis. Son Despertados orgullosos, quizá arrogantes, pero su posición en el Concilio es muy respetada por su capacidad de doblegar la realidad a sus deseos, arma fundamental en los enfrentamientos contra la Orden de la Razón. De hecho, los Solificati nacieron en el seno de la Orden, pero la abandonaron por las interferencias del resto de Convenciones. El Concilio les da libertad, y ellos le corresponden con metales preciosos. ESFERAS AFINES: Materia
ESTILO: Los libros de los Solificati llenan las estanterías de sus laboratorios, repletos a su vez de cartas astrológicas, productos químicos y manuscritos de todo tipo. Este ambiente influye en las Artes de los Solificati, que son calmadas, pacientes y minuciosas. Sus experimentos y su propia concentración y conocimiento de sí mismo son el foco de su Magia, que será un reflejo del equilibrio y transformación interior del Mago alquimista. Algunos llegan a tal grado de simbiosis que se convierten al realizar hechizos en seres andróginos o hermafroditas. |