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Edward abrió los ojos. Por una vez su despertar no incluía sudores fríos y palpitaciones. Estaba absolutamente calmado a pesar de que de nuevo en su sueño había visto los cuerpos mutilados y carbonizados de su esposa y sus dos niños pequeños.
Con sumo cuidado se levantó de la cama en medio de la noche, y sonrió sarcástico al ver el crucifijo que antes gobernaba su cama tirado al suelo con marcas de todos los golpes que había recibido. Edward sabía que se encaminaba a la condenación, pero ¿qué podía importar cuando el Dios en que creía había permitido el exterminio de sus seres queridos?
Escogió para la ocasión los cuchillos afilados que había comprado recientemente a un carnicero de su propia villa. Los mejores. Todavía sin ninguna muesca. Con sumo cuidado, guiándose de modo innato en la oscuridad se dirigió hacia el almacén situado en la parte trasera de la casa.
Abrió la puerta con lentitud. Allí seguía sollozando la pobre niña. La hija más querida del jefe de la guardia real que había atacado su hacienda. Casualmente también una valiosa criada al servicio de los que antaño habían sido sus propios mentores en el camino del descubrimiento de las artes de la carne y la materia. Edward estaba haciendo justicia.
Nadie pudo oír el primer alarido cuando las yemas de los dedos de la niña fueron seccionadas una por una.
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El mundo no es justo, ni tampoco armonioso. Brillantes mentes que podrían haber conducido su camino hacia el desarrollo de las Artes se encuentran repentinamente con un momento de duda o de dolor. La venganza, la pérdida de la fe, el ansia de conocimiento, el miedo a morir... múltiples son las razones que llevan a un Despertado a la Senda de las Llamas.
Estos Magos se entregan a la degradación absoluta, a la maldad, al caos primigenio. Muchos contactan con seres del Infierno, aunque no todos. Otros simplemente se vengan del mundo adquiriendo poderes oscuros, intentando sacar partido del lado oscuro de las Nueve Esferas. Estos Magi son temidos por su falta de escrúpulos y su capacidad para tomar distintas personalidades. Su destino es sin duda la condenación y el ajuste de cuentas con el Azote, pero a casi ninguno le importa siempre que logre saciar sus necesidades.
ESFERAS AFINES: Cualquiera
ESTILO: Cada Infernalista es distinto. Cada uno de ellos suele preferir actuar en solitario, lo que dificulta todavía más su detección. Algunos se entregan a la nigromancia, el salvajismo y la invocación demoníaca. Sus vidas suelen ser cortas. En cambio, otros son sutiles manipuladores, seductores monstruos que manejan con absoluta sutileza cada una de las artes.
FACCIONES: Si bien es raro que los seguidores de esta senda se agrupen, sí existen pequeñas asociaciones que comienzan a crecer.
Bahari: Estos Magi siguen el culto a la Madre Oscura, Lilith, y se entregan con pasión al culto al dolor y a la tortura.
K'wahhll: Monstruos en todo el sentido de la palabra. Carecen casi ya de inteligencia comprensible, rondando la locura y dedicados en cuerpo y alma a saciar sus instintos animales.
Decadenti: Grupos de nobles, mercenarios, comerciantes, estudiosos e incluso clérigos que juegan con la magia negra casi por diversión o por dar rienda suelta a su lujuria y depravación.
Guardianes de las Puertas del Ganzir: Místicos y cartógrafos que entienden el Vacío como un ente primordial al que servir. Ocultistas y estudiosos.
Nefandos: Los más numerosos y mejor organizados. Esta secta de sacerdotes y creyentes ha generado toda una fe en torno a Lucifer. Tienen contacto con seres demoníacos, ya que prácticamente todos ellos han ido hasta el Infierno (literalmente) y han podido regresar. Desean unir a todos los Infernalistas bajo una misma causa. |