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Recuerdo el momento exacto de mi Despertar como una especie de sueño nubloso. Había casi anochecido, y el día había sido especialmente duro. Había entrenado el cuerpo desde antes del amanecer, y a media mañana habían comenzado las clases de kung fu, la habilidad en el arte de la lucha. Apenas si había comido, pues el maestro se había empeñado en iniciarme en el camino del Do. Así habíamos entrenado toda la tarde, dura y extenuantemente, y cuando creía que podríamos al fin descansar, el maestro me llevó a una pequeña sala del templo para que meditara en soledad durante media noche.
Durante la primera hora sentí una tremenda soledad. La meditación me permitía pensar, gran error mío pues debía dejar la mente en blanco, y darme cuenta de que había pasado los últimos seis meses con la única compañía de mi maestro, en un aislado templo de las montañas. Sin compañeros de entrenamiento ni contacto con el mundo exterior, tal vez la soledad comenzara a hacer mella en mí.
Posiblemente llevaba horas meditando en esa habitación vacía, iluminada tan solo por un par de velas e inundada por los olores de varios incensarios. Sentado con las piernas cruzadas y la espalda recta frente a una pared, con los ojos cerrados y la mente vacía, sentí una presencia junto a mí. Sin volverme abrí los ojos, para darme cuenta de que las sombras que las velas marcaban en las paredes de la habitación no paraban de moverse. Una cálida brisa acarició mi piel, dejando un aroma extraño que no logré identificar. Sentí que algo me rozaba, mas al volverme la habitación estaba vacía. Aún así, las sombras no paraban de moverse como una serpiente enroscándose a mi alrededor, creciendo por momentos. Me llegó un murmullo lejano, como miles de voces en la distancia. La serpiente seguía enroscándose en la paredes a mi alrededor, y sin embargo no sentí miedo alguno. Sentí que esa serpiente formaba parte de mí, una especie de yo interior espiritual que se me presentaba en aquella descomunal forma reptilesca que no paraba de crecer. Ya no era serpiente, era un dragón.
Y el dragón me hablaba.
No recuerdo sus palabras, pero miles de voces surgían de la garganta de la sombra, indicándome sencillamente lo que yo era y lo que podría hacer. Fue entonces cuando supe que había despertado a un nuevo mundo, y el dragón me explicó el camino de los que me habían precedido. Y ya nunca más volví a sentirme solo.
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Aunque aún son casi totalmente desconocidos en Occidente, la Magia de Conexión ha llevado a las puertas de Europa a la Hermandad Akáshica. Estos Despertados orientales están imbuidos de las milenarias creencias del Extremo Oriente, y sus Artes profundizan en los ideales de renovación y purificación.
Son Magos sabios, pero también arrogantes. Su conocimiento del arte marcial del Do y su indagación sobre la mente humana y las artes de combate les hace pensar que son prácticamente invencibles. Su creencia en la moderación, el autoconocimiento y la introspección, así como su indudable capacidad en momentos de guerra los han convertido en respetados miembros del Concilio.
ESFERAS AFINES: Mente
ESTILO: El Akáshico tiene la capacidad de desarrollar una nueva Habilidad que es mezcla de meditación, equilibrio y arte marcial: el Do. Esta práctica física y espiritual impregna cada Arte de esta Tradición. El Akáshico se deja llevar por trances, se abre a las emociones de lo que le rodea y usa el silencio y la meditación. Se conduce por la compasión hacia los enemigos, pero también por la eficacia en cada movimiento. |