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DIOSES DE EGIPTO

Estás viendo el tiempo vivo.

Podría decirte mi nombre, pero ese conocimiento podría destruirte. Olvida el concepto del tiempo, de los recuerdos y tus creencias mientras hablo contigo.

Soy hijo de las leyendas de Egipto. También lo soy de esta época que ahora vivimos. Pero hay una diferencia entre tú y yo. Yo soy inmortal.

Literalmente.

Siéntate en una posición cómoda, puesto que lo que voy a contarte de aquí en adelante es largo, y cambiará totalmente tu vida. La primera vez que vi la luz del sol que conforma la identidad de mi tierra, reinaba sobre ella el hermoso Neferkamin. Espero que te baste con decirte que por aquel entonces probablemente tu genealogía no era ni siquiera un proyecto sobre la faz del mundo. He visto más de 20 dinastías de faraones. He contemplado el nacimiento de las pirámides y de secretos que probablemente atormentarán a los sabios hasta el final de los tiempos.

Fue un asesino, un saqueador, un sádico. Cometí terribles crímenes en vida hasta el momento en que encontré el alma de tu familia. En concreto podría decir que aproximadamente 25 generaciones antes de ti. Tuviste como ancestro a un absoluto retrasado. En todos los sentidos. Sólo evitaba preguntar qué hacer al ir al baño. Un estúpido en toda regla, cobarde, timorato y frecuentemente enfermo.

Ahora soy la suma de los dos.

No, no me mires con esa cara. La búsqueda de Maat, de la Justicia, del Equilibrio, requiere de almas que conozcan caracteres antagónicos. Ya no soy el saqueador carismático ni el idiota temeroso. Soy la mezcla de ambos mejorada por la gracia de Osiris.

Soy básicamente lo que llamarías un Dios renacido.

 

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