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Luc amaba las iglesias. Era el entretenimiento de la época. Nada comparable a lo que debía haber sido el Senado romano o los centros de debate de Al-Ándalus, pero qué iba a hacerle. Tenía especial predilección por las misas, en las que se reunían decenas de fieles. Era como ir al mercado. ¿Cuál elegiría? ¿La joven enamorada? ¿El guerrero rebelde que en el fondo no creía en Dios? ¿O quizá sería la matrona ya anciana que no podía dormir a causa del dolor en la espalda?
Luc podía notar cómo le recorría el entusiasmo. Estigia era un lugar aburrido, incluso peligroso. Pero en cambio, el mundo mortal era un cúmulo de posibilidades tal que a veces pensaba que la inmortalidad no sería suficiente para abarcarlas todas. Adoraba mirar sin ser detectado. Para celebrar su entusiasmo de hoy, la catedral de Chartres iba a acoger una de sus apariciones especiales.
- Mis queridos hermanos, os voy a demostrar que existe la vida más allá de la muerte- la voz del sacerdote, modulada por el propio Luc, resonó en las vidrieras con centenares de ecos que dejaron absortos a los fieles...
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Los miembros de este Gremio han sido desde su origen renegados de la sociedad Estigia. Al contrario que muchos de sus compañeros gremiales, no han pertenecido nunca a rangos respetados en las necrópolis, por lo que se unieron a la rebelión del pensamiento gremial casi por inercia.
Ese origen ha provocado que sean de los Gremios más cruelmente perseguido por la Jerarquía. Los titiriteros desarrollan su arte a escondidas, y les encanta el contacto con los mortales, probablemente más que a ningún otro Gremio. De esa fascinación nace su arte del control de la cáscara mortal, que ha dado lugar a mortales legendarios, pero también a leyendas de posesiones y actos atroces.
ARCANOS: Títeres
MARCA: A ojos ajenos, un Titiritero podría sufrir esquizofrenia o ataques de múltiple personalidad. Es la consecuencia de haber pasado por muchos cuerpos, por lo que se les pegan gestos, acentos o manías que luego juntan en sí mismos. |