Bila hamavet lanetzach umacha adonai elohim dim'a: Jiuj kalanit

Tutelajes inusuales. Accesos trascendentes.

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CONCILIO FEÉRICO (Baudelaire)

Bila hamavet lanetzach umacha adonai elohim dim'a: Jiuj kalanit

#1

Mensaje por Baudelaire » 15 Oct 2020, 17:11

La tradición familiar, generaciones tras generaciones… incontables e inmanentes. Ha llegado tu hora, la música de la boda resienta dulcemente. Tu corazón llora, pero sabes que el señor purifica y sana el alma cuándo depositas tu vida y tu destino en su santa gloria.

Tu futura esposa lleva una sonrisa falsa, tu rostro solamente busca evitar alguna mueca de disgusto o desenfado. Todo el mundo espera que esta unión aumente la riqueza de la familia. Que las notas de la melodía multipliquen el oro y las especias, al mismo tiempo que la influencia de un prominente clan hebreo de banqueros en una aldea remota en una ciudad sitiada.
El silencio inunda la sinagoga, especialmente decorada para la ocasión. Nuevamente, el peso de la responsabilidad y el compromiso, la obligación de hacer cumplir las leyes de la torah y las indicaciones de tu padre. Jamás lo has defraudado, tampoco es el momento de tropezar y caer… justo ahora.

El rabino comienza la plegaria y nadie parece importunarse porque al exterior el ejército cruzado esté asediando Damasco. Una boda judía que busca ser un oasis en medio del convicto entre católicos y musulmanes. Nada es más importante que la tradición familiar. Nadie parece escuchar otra coas que los votos que se pronuncian conforme a los textos sagrados.

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El contrato matrimonial se presenta para su validación. La fecha: octavo día del mes de tammuz a cuatro mil ochocientos ochenta y nueve años de la fundación de Jerusalén es escrita por David ben-Yishad, el notario de la ciudad. Ella, Safia Mardam-Bey, estampa su firma y te tiende la pluma.

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elpajarometalico
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Re: Bila hamavet lanetzach umacha adonai elohim dim'a: Jiuj kalanit

#2

Mensaje por elpajarometalico » 20 Oct 2020, 01:22

Todo ha ocurrido muy rápido, casi como sucede en los sueños; es más, preocupado de que se me hayan olvidado todos los detalles de la ceremonia y todo lo que ésta significa, he debido de echar mano a mis recuerdos para poder poner mi firma en aquel documento… justo al lado de la de una completa desconocida. De ella solamente me han dicho que sería mi futura esposa. Y mientras acerco la pluma, no me puedo olvidar de la situación acaecida esta mañana; casi como si yo mismo estuviera gritando, ahora mismo, entre los invitados al revivir el miedo de aquellos momentos anteriores, pero aún recientes.


¡Holaaa! ¿Hay alguien aquí? Mi voz es tragada por el más absoluto silencio sin recibir respuesta alguna más que el ulular del viento en aquel extraño lugar. Tras varias horas, por fin, he logrado superar el miedo y he decidido hablar, en espera de que quizás rompiendo el silencio alguien podría venir. No sé dónde estoy y me siento perdido, solamente quiero volver a mi casa... Miro a mi alrededor para ver si encuentro a alguien; pero nadie más se halla por los alrededores, solamente estoy yo en aquella duna gigante de color azul, la cual domina un desierto del mismo color y todo ello acompañado de un cielo color rojo. A pesar de ser ya un hombre hecho y derecho, con mis doce años recién cumplidos… no puedo evitar lanzarme a llorar… Echo de menos mi casa y mis perros… quiero estar con mamá en el jardín… seguro que ella y Melissa…


¡Melissa!… Dejo en ese momento de llorar y su nombre se me queda clavado en la cabeza. Ella siempre sabe que hacer y adónde ir, aunque me de vergüenza reconocerlo; de seguro que ella se hubiera reído de aquel lugar y se habría lanzado a explorarlo en busca del camino que le llevara a Cathay, su mayor sueño. Siendo yo varón no puedo ser superado por una mujer pienso mientras me seco las lagrimas con el puño totalmente avergonzado por comportarme como un niño chico. "Ese lugar está al este, ¿cierto?" me pregunto poniéndome a mirar hacia el oeste "Espera, no, no, el otro este… Correcto, si voy en línea recta a lo mejor encuentro a alguien."" Lo primero es bajarse de aquel inmenso montón de arena. Una pierna primero, otra después, una pierna primeeeeeeee… Por un mísero descuido comienzo a bajar rodando la duna, y una vez me detengo me levanto y me sacudo la arena de encima enfadado y avergonzado por la situación. Entonces me parece vislumbrar algo, parece una duna; pero se mueve y es de color negro, se aproxima raudamente y no es hasta que se halla cerca de mí que veo que es un inmenso monstruo en forma de pez gigante. Me quedo clavado donde estoy, muerto de miedo y es entonces que la criatura me habla…

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En ese mismo momento me despierto en mitad de sudores fríos y por la estancia resuena el eco de las palabras dichas por aquel pez de pesadillas, imposible olvidarlas. ¡Solamente ha sido un sueño, Zacarías, solo un sueño¡ me digo a mí mismo, ya más tranquilo, mientras distingo mi habitación con los primeros rayos del alba. Pero la tranquilidad me dura poco al acordarme del día que es hoy, entonces siento como si ese pensamiento me ahogara por el cuello al saber que posiblemente quedase ya poco para el cantar del gallo, para que la casa empezase a borbotar de vida en su interior y se comience a disponerse ya los últimos preparativos y cuando pienso en esta noche… siento un increíble peso sobre mi pecho… el saber que todos los ojos estarían fijos en mí tal como lo estuvieron, en su momento sobre mis hermanos, me provoca una oleada de los sudores fríos. Casi diría que prefiero estar con el monstruo… creo que esto del matrimonio me queda demasiado grande. Escucho el retumbar de mi corazón, marcando cada instante… si acaso es posible poder detenerme en uno y no salir. ¡Sí, salir, el aire de la mañana de seguro que me hará bien!


Una vez ya vestido, me marcho a paso ligero rumbo al jardín, sin preocuparme de reparar en las circunstancias del momento o del lugar, a paso rápido solo deteniéndome tras lograr ver al ciprés herir de muerte al cielo nocturno cuya sangre mana rumbo al horizonte convirtiéndose así en la cuna de un nuevo Sol, mientras empiezan a resonar los primeros cantos de los pájaros y poco después el tronar del gallo. Sin embargo, descubro cercano a mí que la lámpara de aceite del taller de costura, se halla prendida. Curioso, me acerco, descubriendo a Melissa dormida al lado de mis ropajes ya terminados. Cuidadosamente apago la pequeña y tenue luz, la cual agoniza en un pequeño hilo de humo, quedándome frente a frente con mi ajuar, acompañado por el ruido del respirar plácido de ella. Me quedo observando aquéllas que pasarán a ser mis prendas, el trabajo más exquisito que he visto provenir del arte de la costura y solo entonces es cuando entiendo que ser un hombre no es cosa de la edad o de la simiente… sino de afrontar las responsabilidades hacia con los demás y el respeto hacía las tradiciones, que dotan de sentido al mundo desde el primer tiempo en que Elohim así lo dispuso tras la creación de la humanidad. Como de costumbre, Melissa se me ha adelantado en cuanto a madurez, comportándose como una buena mujer y acatando su destino de costurera. Ha estado trabajando de forma laboriosa por mí, rechazar ahora sería no solo fallar al destino dispuesto por mi familia, y en último grado por Adonai, sino también a Melissa, a la que tanto amo. En definitiva, pagando con mi miedo, tendríamos la más completa deshonra y eso no podía permitirlo. La miro entonces, cariñosamente, contemplando aquel rostro sereno y discretamente la beso en la mejilla, sucumbiendo brevemente a un deseo guardado profundamente en una esquinita del corazón y, tras marcharme, convertido ahora sí en un hombre… dejo sola a Melissa con los pájaros, testigos silenciosos que cantarán a voz en grito aquel secreto.
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"Yo, Zacarías, hijo de Zenón y nieto de Melquíades insto mi firma sobre el presente documento para unirme así con Safia Mardam-Bey; en calidad de su esposo legítimo tal y como dictaron nuestros mayores en nuestras tradiciones".
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#3

Mensaje por Baudelaire » 23 Oct 2020, 04:11

Dejas la pluma en el pequeño frasquillo de plata labrada, es una joya de fabricación. Está finamente decorado con un pequeño pedestal dorado que es una representación de la Torah extendida. Has sellado tu destino, seguido las tradiciones y mostrado obediencia a tu familia. Así y todo, notas que hay un buen puñado de arena alrededor del contrato matrimonial.

Tu esposa, sin miramientos, te sacude a palmetazos de una brusquedad incomprensible. Considerando que apenas son unos pocos granos los que están sobre tu traje, parece que te castiga por haber estado divagando tanto tiempo antes de firmar. Los ojos del rabino escrutan tu alma observando detenidamente tu gesto de dolor. De verdad que Safia golpea como un veterano macabeo de las generas contra Jericó, sientes que los cardenales comienzan a formarse bajo la fina tenida.

Justo detrás del rabino, los candelabros parecen convertirse en una gran lámpara de aceite. Pestañeas rápidamente y, siguen allí, cada una de las amenorah con sus velas vivamente encendidas. Nada de luz tenue ni un taller mortecino. Estás en la sinagoga, pero tus recientes sueños se están mezclando con la realidad… o, al menos, así parece. La tonada vuelve a inundar cada rincón; es la misma que ha sonado hace un rato, quizás cuánto tiempo tu divagar ha dejado a todo el mundo con una inquietud alarmante. Difícil saberlo, pues en el mundo onírico unos cuantos minutos pueden ser apenas segundos del mundo real. Pero tu reloj interno te anuncia que han pasado horas, de gran goce en ese encuentro dulce de tus labios con la mejilla de Melissa.

¿Qué esperas, Zacarías, para besar a Safia?

Tu madre te susurra desde la primera fila, pero para ti se trata de un grito destemplado. Inconsistencias que persisten, entre lo que observas y lo que en tu interior se manifiesta. Tu esposa, simplemente se levanta ella misma el velo… y cumple el rito. Un toque delicado y elegante, nada comprometedor. Casi como estar besando a su propio hermano y para ti es igual: sabes que jamás yacerás con ella. Y, sin duda, también el mensaje ha sido recibido con claridad por Safia.

¡Viva el matrimonio! ¡Es hora de celebrar!

Parece el anuncio del abuelo materno de tu esposa, aunque en realidad lo hace su bisabuelo más anciano. Es simplemente que el primero abre la boca y está justo delante del segundo, respecto al ángulo en que les miras. Poco importa es detalle, la fiesta ha comenzado. Si bien todo el asunto notarial y el rito sagrado te han hecho considerar, por un instante, que ya ha acabado todo… está lejos de ser así. Hay un protocolo a seguir, muy estricto, de ahora hasta el verdadero final de la ceremonia.

Sí, se supone ello ocurrirá al amanecer. Todo el mundo estará esperando la sábana sangrada que colgarás en el balcón de la segunda residencia de la familia Mardam-Bey. Claro, también recuerdas, que no estás en Kalanit… sino en medio del sitio de Damasco. Así y todo, a través de la ventana, un abejaruco esmeralda revolotea justo posando su mirada en tu rostro. Casi como asegurándote que tu destino es mucho más que este matrimonio, que todavía queda mucha tela para cortar.

Los cánticos y la orquesta se aseguran de inundarlo todo con la música que busca encubrir los tiros de catapulta y trabuquete, los golpes de espada y los alaridos de muerte. Exactamente el mejor día de la historia para casarse… ¿en qué habrían pensado ambas familias al decidir hacerlo aquí?

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Re: Bila hamavet lanetzach umacha adonai elohim dim'a: Jiuj kalanit

#4

Mensaje por elpajarometalico » 08 Nov 2020, 13:16

Escucho claramente como mi destino es sellado mediante los lazos escritos por la tinta para después reposar en un pedestal con la forma de una Torah extendida, los caminos futuros de Adonai se hallan ya dibujados y fijados en su consciencia. Nada debería perturbarlos, salvo él mismo; para el fin de perpetuar el presente eterno, la sociedad heredada de nuestros antepasados, las sombras del presente… y que heredaran nuestros descendientes, cuando nosotros mismos nos hallemos revestido de la misma naturaleza que quienes nos precedieron, perdiéndonos en las mismas penumbras de antes del nacimiento.


Despertado de las divagaciones anteriores, me siento intimidado ante el completo silencio del exterior y siento a Adonai en él, recitando las claves del futuro. Es algo siempre incierto y cuya letanía sólo ha sido interrumpida brevemente por el claqueteo metálico y tranquilo al dejar la pluma en su lugar indicado… y ver como esta se desplazaba sola y suavemente, casi movida por una brisa suave e invisible, hacia el rabino que preside la ceremonia. Así, entonces, descubro quién es aquél… que, además de la vestimenta tradicional, va acompañado siempre de una capa compuesta por las más diversas escamas del cielo, plumas de aves que conozco y otras de lugares lejanos. Las que me surgen solamente de oídas y, las menos, de habitantes celestes que nunca existieron. Su esencia se vuelve única, de una sacralidad extraña, nunca descifrada; pero percibida como peligrosa, sujeta a unas pulsiones primarias y no propias de los ritos hebreos. Sin embargo, aquello que reina sobre su aura, se funde y metamorfosea en su presencia haciéndolo propio, casi como tocando todo lo que mira con su único ojo… a semejanza del ojo de Yahvé. Mucho se rumorea del rabino de Kalanit, acompañado de su borrico y su petate; el cual contendría en su interior un par de higos que toma a la sombra de los naranjos próximos a la sinagoga, mientras observaba curioso y sin maldad los juegos infantiles, aquél cuyo andar hace que los recipientes metálicos próximos vayan virando en su dirección haciendo saber a todo el mundo en que punto cardinal se halla el sacerdote. Su nombre es Ezequiel y su voz resuena siempre con fuerza en el ruido, pero no en el silencio. Obviamente se trata del único sacerdote que habría aceptado llevar a cabo aquella celebración en un tiempo tan horrible como era la guerra.


Al ver su ojos, su presencia se me hizo en parte siniestra , más si cabe al recordar las historias contadas por Josué, familiar y amigo suyo alguna vez, pero ahora separado por un gran temor. Según cuenta el viejo carpintero, un día él y su amigo venían de un entierro en la ciudad de Belén. Cuando, según comenta el humilde hombre, al paso se les aparecieron unas ruinas; desconocedores de la existencia de éstas, se quedan largo tiempo explorando aquellas edificaciones devoradas por las dunas y dominadas en un acto quizás blasfemo, quizás sacro , por una pirámide que casi parecía erigir una plegaria a los cielos azules e infinitos , dedicada seguramente a dioses antiguos y hace mucho tiempo ya olvidados, cuando Josué quiso darse cuenta el ocaso se hallaba ya próximo y su amigo no se hallaba con él, a pesar de haber estado siempre juntos y sin tener recuerdo de haberse separado en ningún momento. De repente un rugido rasgo el cielo, haciéndole mirar a la cima de la pirámide, allá arriba, había una bestia extraña, solo propia de los abismos de la imaginación , dominada completamente por las sombras del ocaso se la podía ver sostenida por unas piernas humanas completamente desnudas seguidas por un torso y cabeza propios de un felino, el típico de las bestias tan frecuentes en los circos gentiles de antaño. Mostrando en su espalda unas alas con plumas de unos vivísimos colores y su cara coronada por unos cuernos de macho cabrío. La criatura se encontraba sumida en el extasis de un extraño baile. Sin embargo, el horror del pobre Josué no se queda ahí; tras ver como una mano invisible, acompañada de un murmurar de gran gente, escribía en el suelo la palabra "Sodoma". El hombre salió como alma que llevaba el diablo, prefiriendo la inseguridad de los caminos en la noche, no frenándose hasta llegar a las puertas de la población más cercana, de Ezequiel no se supo nada hasta la mañana siguiente, le encontraron sin el ojo derecho, acompañado de aquella capa de la cual jamás se separo y un rollo en blanco donde escribió en los días siguientes, lo que el afirmo era el futuro de Kalanit durante los 80 años siguientes, en letra perfectamente legible, pero imposible de entender.. El rollo se llamó la Crónica de las Abejas ya que según las leyendas le vino dictada por un habitante del cielo, un abejaruco de colores intensos como nunca se habían visto ni se volvería a ver en el pequeño pueblo y que termino sus días abatido por las piedras lanzadas por unos niños durante un día de verano.

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Pero todo aquello son cuentos para asustar a niños y viejas por la noche, obviamente. Eso es lo que siempre me comentaba mi padre, un adulto razonable que obviamente no creía en esas tonterías; por mi parte, a pesar del miedo que me generaba aquellas narraciones, coincidía en bastantes de sus conclusiones ¡Demasiado fantasiosas para que pudiesen ser reales¡ ¡Meras leyendas contadas para desprestigiar al rabino¡


Observo como la mirada del sacerdote se hallaba fija en un rastro azul que manaba de mis manos. Al principio pense que podría ser simplemente alguna mancha de tinta adherida a mis dedos, pero sin embargo al acercármela vislumbré que era una arena de un color azul como la de mi sueño. Es entonces al devolverle la mirada al rabino cuando contemplo unas lámparas de aceite enormes, sintiéndome en ese momento casi desfallecer; pero sé que debo mantener la compostura consiguiéndolo por muy poco. Hasta que recibo varias tortas proveniente de mi futura esposa, se la ve profundamente disgustada "Auch, auch, pero… ¡Ay¡ ¿Qué haces, mujer? ¡Déjame¡ Auch".


Mi madre interviene buscando algo de paz. "¡Aish! ¿Como quieres que la bese, con la paliza que me esta pegando? ¡Querrás decir si sobrevivo a ella en todo caso?" le contesto en voz susurrante a mi madre. Pero la niña, me escucha y se quita el velo, besándome sin mediar palabra alguna y haciendo que pegue un brinco del susto. Un beso frío y destemplado en los labios fruto de un amor aún más congelado y estéril, pero que al parecer logra conmover el corazón de toda la gente allí presente… terminando por hacer explotar al templo en una algarabía musical, aún más fuerte que la anterior si cabe, quizás para ocultar los gritos de agonía y horror provenientes del exterior, cada vez más aterradores e insoportables. Sin embargo, sí que noto un cambio en el rostro de Safia, un breve rictus de una profunda desilusión y pena al comprender que nunca tendría descendencia de mí. Lo cual termina provocándome incluso lástima de la pobre criatura; la cual se halla, en verdad, casi en mi misma situación… hasta que vuelvo a recibir de ella una bofetada que supera en fuerza a todas las anteriores y una mirada de odio capaz de atravesar muros, está muy claro que hará lo que fuere para obtenerla aquella noche, aunque tuviere que pasar sobre mi cadaver si aquello terminase siendo necesario.¡Lo cual no sería a mucho tardar, no por la llegada del manto nocturno; sino porque en vez de irnos velozmente para Kalanit y encerrarnos en nuestra casa, cómo dictaría el sentido común, nos vamos a quedar allí con la musiquita y la algarabía con un ejercito bárbaro a las puertas que no dudaría en decapitarnos y desangrarnos como cerdos nada más vernos! ¡Es que el mundo se había vuelto loco!


Siento entonces una intensa decepción, siempre he tenido a mi padre como una persona de gran razón y pragmatismo… salvo porque esta celebración choca con todo lo que me ha enseñado. Miro a Safia, ella también se halla igual de sorprendida por la situación; pero no tiene pinta de querer contrariar a sus padres, así que me dirijo hacia el rabino. Lo hago como un intento desesperado para ver si el anciano no ha caído bajo aquella extraña atmósfera y tal vez pueda hacer entrar en razón a mis progenitores para que nos marchemos de allí. Sin embargo; es tal el susto que obtengo ya que tras dicho gesto y debido seguramente a un juego de luces del templo, me ha parecido ver a la bestia de leyenda con la vestimenta sacerdotal… haciéndome caer al suelo del impacto. Ezequiel me mira con sorpresa, pero se recompone lanzándome una sonrisa fría pero amable y tendiéndome la mano. Un ofrecimiento que le rechazo algo asustado todavía por lo visto. "¡Zacarías, tranquilízate por Elohim, solamente ha sido un juego de luces¡ Además padre siempre ha sido una persona coherente, seguramente ha vislumbrado una oportunidad en el contexto o algo similar. ¡Anda!, hoy es el día mas feliz de tu vida… o eso dicen… debes relajarte e intentar disfrutar del momento, lo que fuere el futuro: ya llegará." "Disculpe mi actitud rabí, solo es que me hallo bajo un estado de gran nerviosismo ¡Como intuirás no todos los días se casa uno, jajajaja!" Me fijo en que el hombro del rabino se halla ocupado por un abejaruco, observándome atentamente con aquellos rubíes que tiene por ojos. Sin embargo cuando el rabino contesta, el pájaro se pone a revolotear por todo el edificio, terminando finalmente por meterse en las mangas del sacerdote, no volviendo a saberse nada más de él.
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Re: Bila hamavet lanetzach umacha adonai elohim dim'a: Jiuj kalanit

#5

Mensaje por Baudelaire » 08 Nov 2020, 22:28

El rabino parece disgustado al escuchar tu mal chiste y simplemente se aleja. Por el contrario, Safia simplemente te toma del brazo y te arrastra sin miramientos por la escalera que lleva a los aposentos. Convencida que ya todo está perdido, intenta mantener las apariencias o lo que pudiere quedar para el porvenir: lo que será tomado de la mejor manera, esperas.

Ya dentro, te pone simplemente un dedo en la boca y patea la puerta para cerrarla a tu espalda. Se gira para buscar algo en un cajón y al regresar, antes que puedas reaccionar, te da un corte en el hombro con una afilada daga. Corre a buscar la sábana de seda para mancharla abundantemente en la zona exacta, te desagarra la camisa y comprime la herida con destreza. La hemorragia ha sido contenida, pone la evidencia en tus manos y abre la puerta.

El mensaje es claro, salir con el torso desnudo a mostrar que el matrimonio ha sido falsamente consumado o intentar algo mejor. La penumbra y el vaivén de las velas probablemente encubrirá la zona dañada, pero hay un alto riesgo de ser descubierto si te hacen bajar las escaleras.

La situación es crítica y el abejaruco vuelve a salir de sus escondite, pues lo ves entrar por la ventana de la habitación. Vuelve hacia ella entes de chillar y desaparecer… al mismo tiempo que una versión más pequeña de la criatura de aquel relato mete su nariz por el vano. Safia te mira severamente, dándole la espalda al monstruo, pero es ella quién te resulta más aterradora.

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Re: Bila hamavet lanetzach umacha adonai elohim dim'a: Jiuj kalanit

#6

Mensaje por elpajarometalico » 24 Nov 2020, 11:48

El mar interior del sacerdote, siempre caracterizado por la serenidad, se troca durante unos breves segundos por el disgusto tras escucharme; para después alejarse de allí sin mediar palabra alguna conmigo "¡Vaya! Espero no haber hecho algo mal, únicamente quería ser cortes a la hora de abrir conversación". pienso algo incómodo.

Tras el fracaso ocurrido, me decanto por sentarme en uno de los escalones que dan acceso al altar e intentar disfrutar allí de la sinfonía que impregnaba dulcemente las paredes y pilares del edificio; casi recordando al dulce cantar de las fuentes, incluso diría que a semejanza de ésta, puedo ver a la música serpentear entre las columnas rumbo hacia el cielo bailando con la misma luz del Sol… casi pareciéndose a dos amados deseándose en silencio, buscándose en silencio, evitándose en silencio… El Sol, califa poderoso, señor de un inmenso palacio azul, vestido él todo de oro; intenta abrazar a su queridísima señora, conservarla en sus brazos y así intentar otorgarle de un corazón dorado, deseoso de crear el más bello jardín en su interior; pero su fluida amada siempre libre, nunca atada, desea abandonar aquellas paredes para huir de su abrazo y ser libre… pero sin poder dejar de mirar atrás y volviendo, para así echar de menos el continuo avance de los ríos y los reflejos de reinos celestes en los lagos y volverse a escapar en su perpetuo añorar.

Recordando mi debilidad, señalando el dulce y amargo pecado de estar enamorado, herido y muerto por los pétalos de la kalanit: veneno mortal para el hombre…

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En ese preciso momento, noto una mano cálida en mi hombro; pero ésta no es ella, si no otra desconocida y extraña llena del exilio de un sentimiento y segadora de vida: Safia. Por unos momentos me rio de la ocurrencia de pensar que la pobre sea la misma parca; sin embargo, mi sonrisa desaparece tras ver su gesto de preocupación y miedo. La única persona en la sala, quizás que no habría caído bajo aquel embrujo el último bastión de la razón. Es preciso tomar medidas drásticas… "¿Pero cuáles?"

Casi todo me parece en esos momentos dar vueltas, fruto de la presión y la ansiedad… "¿Qué hacer?"

Quizás es mi confusión el motivo del porqué la niña me agarra del brazo y comienza a intentar levantarme, con la convicción en los ojos u que no le importaba cual sea el hechizo por el que han caído sus allegados: no va a quedarse de brazos cruzados viendo como sus seres más queridos se hallan en tal peligro de muerte ¡Y pobre de aquél que se ha atrevido a semejante acto, porque se las deberá ver con ella! Como si siempre ha sido un plan estudiado a detalle, me arrastra hacia el interior del templo y entra de forma violenta en los aposentos para así empujarme hasta allí de muy malas maneras; como si no ser algo más que un vulgar saco de viaje.


En ese momento noto como coge una daga y se acerca hacia mí "¡Por Yahwe! Me he equivocado en mis observaciones! ¡Esta mujer está completamente loca y me va a matar aquí mismo!"

Intento huir de allí, totalmente aterrado de aquel proyecto de sicario en ciernes; pero me ha cogido de la manga y me comienza a tirar hacia ella, logrando romperla así como parte del pecho y así estamparme contra el muro en el proceso haciéndome ver por unos breves minutos las estrellas... "¡Pobre Melissa, con todo el esfuerzo que le había costado!" Pero me recupero pronto, tras ver de nuevo a Safia allí con el puñal y esta vez no tengo escapatoria: no me ha dado tiempo a recitar mis oraciones cuando siento como el corte me atraviesa... aunque, por fortuna el pequeño hilo de sangre corre por mi brazo y por unos momentos suspiro aliviado sabiendo que de momento no tengo sitio en el mundo de los muertos, para después ponerme pálido al recordar el líquido vital.

"¡Me provoca pánico! ¡No sé cómo es el infierno, pero creo que es algo parecido a esto!" Quizás ha sido al verme palidecer que Safia tapa velozmente la herida con una manta y consigue detener la hemorragia para después ponérmela en las manos y dar un breve empujón tras ver mi gesto de asco hacia lo que es mi propia sangre… "Pero aquella farsa atenta directamente contra las tradiciones, no podría… ello choca contra todo lo que me han enseñado mi madre y mi padre. Y seguramente no sería del agrado de Elohim. Sin embargo, sé que no nos queda otra alternativa… No podría hacerle ésto, va en sentido contrario a los designios del Altíímo Adonai".

Observo entonces como el abejaruco ha entrado por la ventana y se pone a chillar como si la vida se le va en ello. La inquietud me inunda al escucharlo, es una voz propia más de un ser humano que de un pájaro "Sin embargo… Juraría que la he escuchado antes… ¡No puede ser verdad!"

Sigo por unos momentos el vuelo del ave sorteando las vigas de la habitación, totalmente impactado hasta que me topo con el rostro acusador de Safia, el cuál viene a expresar a la perfección que un ruido más y el ejército cruzado va a ser el último de mis problemas. Para colmo de males, veo como el añil cielo ha sido ocultado por el extremo de un bonete sacerdotal acompañado por dos largos cuernos cabríos; con lo que después se viene a asomar un morro típico de un león y se poner a olisquear la ventana de una forma excesivamente ruidosa, seguramente intencionado. Es nada más ver a la bestia de leyenda y casi desmayarme, pero no es el mejor momento, debemos de largarnos de… pero en mi rostro se ha hecho ya el verdadero horror, no por todo lo visto y escuchado ya; sino por el resplandor en los ojos de Safia planteándose sobre si degollarme y convertirme en comida para perros. Sin embargo con aquel ruido, a priori molesto, la mente se me ilumina "¡Tenemos un hilo del que tirar!"


Así con todo y a pesar de ello, no soy capaz de dejar a Safia sola con semejante compañía "¿O sí? Ya sé que no mi consciencia no me permitiría dejar a una pobre e "indefensa" mujer a merced del monstruo. "Aunque creo que podría hacer frente por su cuenta, no solo a la bestia de leyenda, sino al ejército cruzado únicamente recurriendo a sus manos desnudas".

-Safia… ¡eh, querida!, me cuesta decirlo. -Tengo una idea... ven conmigo a la nave principal. Me contesta con una mirada asesina a lo de querida, pero supongo que ha recordado lo que está en juego así que se digna a seguirme. Bien, y mientras el abejaruco se ha posado sobre una de las vigas "¿Ha sido aquéllo un intento de ayudar o para hacernos fracasar?". Solamente el futuro más próximo podrá develar aquel enigma y nos internamos por aquellos pasillos, aunque antes de llegar a la nave central pongo en una esquina el manto y le quito a mi esposa la daga de las manos, pero estando convencida de que mi plan iba a fracasar: la sujeto firmemente como único madero al que asir en aquel naufragio.

"Dame, por Elohim ¿Tanto te cuesta tener un poco de confianza en mí? ¡Dios mío! - si llevamos menos de un día casados - no querría imaginarme en unos veinte años". La miro a los ojos sabiendo que lo que voy a decir es algo duro, pero necesito de su colaboración. -Ahora quiero que llores, me da igual cómo Pero llora y acuérdate que nuestras vidas están en juego, me da igual lo que pienses para ello: si en tu abuela muerta o que te van a llevar a Europa como esclava para vivir en la basura ¡Pero, por Elohim, llora!


Salimos ambos de la esquina mirando por unos instantes a quienes han asistido, mientras todo se halla sumergido en aquel maravilloso encantamiento. Debo medir muy bien las palabras para no trocar las caras de alegría e ilusión en otras de horror y pánico. -¡Socorro! ¡Por favor, escuchadme! ¡Ayuda, ésto es muy importante! Ante mis gritos la música para en seco; sin embargo, parece que el encantamiento reside en algo distinto la música… o tal vez en el silencio. Simplemente se ve reforzado por ésta al ofrecerle una arquitectura ordenada a semejanza de los granitos de arena de un castillo.

Safia me mira cabreada al pensar que ese es mi maravilloso plan; pero, no, apenas es el inicio. El encantamiento es una imponente tortuga, la cuál puede resistir de todo con su caparazón, pero ahora la hemos volcado e indefensa intenta ponerse de nuevo en pie siendo conocedora que un silencio se rompe con más facilidad que una melodía.

-Un cruzado ha intentado entrar por la ventana trasera y nos ha atacado ¡Mirad el traje y la cicatriz, si no me creéis! ¡Y si habéis tenido el oído aguzado, habréis escuchado los gritos de horror de Safia! ¡Sin embargo, no temáis, pues hemos logrado echarle del sacrosanto templo y cerrar la ventana justo a tiempo! Aunque si prestáis atención podréis escuchar los guantes de metal del batidor, buscando como volver a accionar el mecanismo y así sorprendernos: de momento es incapaz por la incomodidad de sus guanteletes y si armamos el más mínimo escándalo podremos huir rápidamente con gran seguridad

¡Pero hay que huir y ya! Llevemos, también, los instrumentos sagrados de Elohim para que no caigan en manos cruzadas y así su gracia recaiga sobre este matrimonio recién consagrado. Ahora debemos escapar de aquí, antes de que vengan los superiores cruzados y revienten la puerta principal de la sinagoga. Lo más sensato es salir por el patio trasero que da a las caballerizas y aprovechar la trampa que hemos tendido al cruzado. En Kalanit nos hallaremos a salvo y si lo deseare la familia de mi amada Safia, podrá hallar resguardo allí también ¡Que nadie se quede sin cobijo en estas circunstancias tan aciagas!



Deseo con todas mis ansias que mis palabras surtan efecto en aquellas gentes y Safia contribuya al engaño. Busco al sacerdote moviéndome entre la multitud. "¿Sería él la bestia? ¿Podría ser quizás que ésta le ha devorado antes o durante la ceremonia, vistiéndose con sus ropajes en un acto impío para así presidirla en una burla a Adonai? ¿O se hallaría allí y todo era el engaño de un espíritu maléfico para desprestigiar a Ezequiel de alguna forma desconocida?" Contemplo al pájaro sentado en una de las vigas.

"¿Cuáles serán tus intenciones? ¿Qué deseas sacar con ésto, Melissa?" Acto seguido contemplo el rostro del ave que acaba de percatarse de mi observación, realizando como respuesta una expresión más humana que de otro tipo de animal. Así, viene a demostrarme su verdadera esencia mientras intento adivinar los motivos de su corazón.
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#7

Mensaje por Baudelaire » 24 Nov 2020, 15:20

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He ocultado el video de youtube y la estampilla. El primero para hacerlo opcional de ver y dejar visible solamente el relato. La segunda es por un asunto de anacronismo, el correo postal comienza a usar sellos adhesivos prepicados a mediados del siglo 19, me imagino que has intentado buscar la imagen de una kalanit. Te propongo dos para reemplazarlas, la de arriba extraída del libro que dejé en el tema principal y la de abajo que tiene un aire más medieval.

Salir con Safia parece muy sencillo, a pesar de todas las complicaciones y el debate inicial. La pausa en la esquina se revela como un error, porque la criatura ha conseguido atravesar la puerta y ya se halla en el pasillo. La ves escabullirse como atravesando el muro que se desvanece y vuelve a reconstruirse a su paso, ya desconoces hacia adónde se dirigirá. La música detenida en el salón y tu extraño discurso deja a la concurrencia entre estupefacta y airada.

Tu esposa lanza desde tus espaldas el paño ensangrentado al sacerdote, claramente ignorando tu genial plan de inventar el asedio de un batidor cruzado. El rabino lo atrapa y lo levanta, la tortuga ha vuelto a una posición adecuada… con sus cuatro patas apoyadas, contra todas las leyes físicas. Milagro o magia infernal, lo desconoces, pero presumes que hay cierta colusión entre Safia y el sacerdote. Todo parece demasiado coordinado, pero también podría ser simple coincidencia.

En cualquier caso, la criatura vuelve a aparece desde el muro que está a espaldas del sacerdote, con el mismo efecto de desvanecimiento y reconstrucción. Pone una de sus garras sobre el hombro de Safia, casi como una amiga que se apoya sobre otra en un acto de complicidad. Lo cual, claramente, se trata de un error de percepción de tu parte… rápidamente la tumba en su avance, pasándole por encima y yendo directamente a posar otra pata sobre el rabino.

Justo en el instante en que aquéllo debería ocurrir, desaparece en el aire. La música sigue sonando, la algarabía continúa y el sacerdote te lanza la sábana ensangrentada de vuelta. Con una simple sonrisa camina hacia el sagrario, mientras Safia ya repuesta o sin haberse visto atacada por la criatura, se interpone para evitar que le sigas. Te abraza y te hace seguir el baile, otra vez con una fuerza descomunal. Te debates nuevamente entre esta disociación entre lo que observas y lo que parece, en realidad, estar ocurriendo.

Nadie parece haber reparado en la caída o el aplastamiento de tu esposa, como quieras imaginarlo. Nadie parece haber considerado que tu historia es plausible, pero aquella mentira está lejos de ser tal: la puerta principal de la sinagoga es derribada por un golpe seco de un ariete. Un grupo de caballeros avanza, con cierta gentileza, para ordenarse en un semicírculo en el atrio de acceso. Cuentas rápidamente hasta 12, armaduras relucientes y corceles enormes. Hacen que la criatura infernal, ya desaparecida, parezca un cachorro de gatito.

El imaginario batidor con guanteletes apunta su arco directamente al cuello de Safia. Tú lo ves claramente, pero ella está de espaldas. Sabes, sin duda alguna, que todo lo que estás contemplando ahora es cierto. Sin importar si antes podrías haber estado alucinando, muchas vidas están en verdadero riesgo ahora. No eres un militar y nadie en la concurrencia lo es, es solamente una multitud de familias de mercaderes dedicadas al comercio. Cierto es que la sinagoga tiene un pequeño pelotón de macabeos bien entrenados, pero si estos soldados europeos han llegado hasta aquí… es porque les han pasado por encima.

Tus temores se confirman cuando cada caballero lanza dos o tres cabezas de valientes espadachines hebreos. Una secuencia de desmayos, gritos y caos se detona al centro de la estancia. Quién parece ser el capitán enemigo da un golpe sordo de su armadura al golpear el piso luego de desmontar. Su yelmo apenachado cubre completamente su rostro y es imposible vislumbrar sus facciones a través de la rejilla por la que respira. Se mueve, sin embargo, con una agilidad sorprendente… como viniendo apenas con una túnica de ligera seda, camina rápidamente y detiene cualquier intento de huída. Todo el mundo se queda congelado en el lugar que está.

Solamente hay una persona que ha podido evitar todo este suceso: el rabino que está ya dentro de su refugio infranqueable. Muy oportuna su salida y la venida de la bestia para distraerte. Terrible es que tu elaborada creación ficticia para justificar la situación con Safia, se ha hecho completamente cierta.

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elpajarometalico
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Re: Bila hamavet lanetzach umacha adonai elohim dim'a: Jiuj kalanit

#8

Mensaje por elpajarometalico » 23 Dic 2020, 11:43

El templo se queda en completo silencio por un breve intervalo de tiempo. Es más, la tensión cae sobre la concurrencia, tal y como lo haría una suave gasa o un paño de seda.


Es entonces cuando la inquietud muda del momento acaba estallando por dentro, como si es apenas algo más que un cántaro lleno de fresca leche que termina derramándose contra el suelo, O, más bien, el caparazón de la tortuga se halla quebrado ahora; mientras el animal no puede hacer más que observar su propio reflejo en las pequeñas corrientes que emanan de su interior. La cual se juntó al nacer y ahora es separada tras fallecer; y cuyos caminos trazados en invisible mapa, terminarán en el mar del olvido…


Pero es entonces que percibo una ligera risa flotar en ese aire, llegando hacia mí desde una esquina pareciéndose a una pluma mecida en el ambiente. Luego, observo a una de mis primas conversando junto a mí tía y a una de las hermanas mayores de Safia, íntima amiga suya. Me sorprendo al ver que sus rostros reflejan la más pacífica calma. Es más, la familiar de mi esposa se gira brevemente hacía mí y se pone a cuchichear divertida sobre alguna ocurrencia en la que probablemente estoy de por medio.

- Por favor, os lo ruego, el tiempo se acaba ¡Es ahora o nunca! ¡Padre, ayúdame!- Busco a mi padre , "Él seguro que me ha escuchado y entendido, siempre lo reconozco porque ha sido persona sensata, seguro que ha sabido intuir el peligro que existe en mi palabra".

Sin embargo al observarle, veo como este esconde su rostro hacía mí, fruto de la vergüenza y la rabia "Pero… ¿Qué está pasando? He roto el hechizo, son libres para salir cuando quieran". Busco a mi madre, pero observo que ésta se halla demasiado ocupada regañando a mis dos sobrinos, los cuales la han hecho caer mientras jugaban a las escondidas. Posiblemente, ni siquiera sabe algo de lo que se ha estado hablando.


Entonces veo como el rabino se acerca hacia mí. "A lo mejor todo no es otra cosa que una prueba del bendito Adonai para tasar a su siervo. El exterior, ahora que me fijo, se halla en completo silencio. Así que es posible que haya obrado algún milagro tal y como lo hizo con Moisés en la Batalla de Amalec… tal vez ha bendecido de dicha forma esta unión".

Poco después, se agacha ante mí, inclinando la rodilla y me entrega en acto solemne un paño que cojo ilusionado. Me quedo pensando que allí se hallaría la llave para salir de esta situación; sin embargo, en su interior solamente hay sangre. Casi tengo que hacer un acto de voluntad ante las arcadas fruto de la mancha escarlata, mientras veo al rabino reír.


-¡Tú! ¿Te das cuent… - digo airado girándome hacia Safia, pero ella no se encuentra sola. Sino que, sobre su hombro, la bestia de leyenda está posada mirándome fijamente con sus pequeños ojos rojos: dos rubíes incrustados en aquella faz, casi una máscara dorada de la más exquisita talla. "Eso explica muchas cosas. La increíble fuerza, la mudez de la que ha hecho la niña gala ¡No sé por qué me sorprendo!". Pero entonces la criatura la estampa contra el suelo. Corro hacia Safia , asustado, intentando alejarme del camino de la bestia; pero también para auxiliarla por si hubiera quedado herida de alguna forma. "Bien, sólo es un pequeño rasguño".


Me giro hacía el sacerdote para ver como la bestia se acaba desvaneciendo en el aire, nada más acercarse. Intento seguirle, para ver si aún se puede hacer algo. Es entonces cuando Safia me coge de la cintura fuertemente, mientras que de su rostro emerge una sonrisa tierna y cariñosa, que me asusta aún más que las miradas asesinas anteriores. -¡Suéltame, mujer! No ves que corremos peligro.- Pero haciendo gala de su musculatura me arrastra hacia la concurrencia, al tiempo que la música vuelve a sonar. -¡No! ¡Mujer, déjame!- Mientras veo a la figura rabínica escabullirse hacia el sagrario.


La concurrencia se separa en pleno embelesamiento, conformando un corro entre nosotros, para entonces obligarme a bailar. Me resisto, pero la fuerza de mi esposa es descomunal y me hace bajar de la bimah--¡Vale, vale! ¡Ya voy! Las cosas no pueden ponerse aún peor- digo mirando a los asistentes con creciente inquietud. Así pues, en lugar de sus rostros, veo casi como éstos se hallan ahora transformados en máscaras semejantes a las teatrales usadas por griegos y romanos. Siguen dando palmas y van animando a que la música acelere.

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Y ésta en consonancia; responde emocionada al desafío y, por consiguiente, los pies de Safia. Veo, con horror, como sus movimientos hacen que mis piernas se vayan separando cada vez más del suelo -¡Oh! ¡Yahwe bendito! ¡Sálvame!- Pero antes de poder terminar, soy incapaz de tocar ya el suelo.


-¡Melissa! ¡Sé que estás ahí¡ ¿Por qué te escondes? ¡Te necesito! ¡Siempre hemos sido amigos!- intento mirar al pájaro, pero es tal la rapidez que solamente distingo una mancha esmeralda. -¡Melissa!- digo llorando, totalmente asustado, mientras que mis manos se separan de las de Safia y vuelo por los aires. Sin embargo, cuando voy a estamparme contra el suelo, los asistentes, con sus ojos y sonrisas huecas me vuelven a elevar en el aire rumbo a Safia.
-¡Melissa¡ ¡Dime que quieres, por todo el amor de Elohim! ¡Por favor! ¿En qué te he podido yo ofender?-. Otra vez vuelvo con mi esposa para repetir de nuevo la secuencia. Aterrado de que, a lo mejor, éste sea el último momento que vea a Melissa ya que desconozco cuanto tiempo más lograre resistir a tan grotesco escenario , quizás por algún desliz de la concurrencia, viendome obligado a confesar lo que guardaba siempre en mi interior.
-¡Melissa! ¡Te amo, te amo y te quiero! Desde la primera vez que te vi, has sido dueña de mí Por si acaso: ¡hasta siempre!


Entonces en un golpe violento, todo vuelve a la normalidad, la puerta del templo ha sido destrozada por las tropas cruzadas del rey Balduino III. Vienen desde de Jerusalén, comandadas por Luis VII y Conrado III, los estandartes son bien conocidos en la región. Me hallo todavía en brazos de Safia y observo como mi mentira se ha tornado en realidad… al contemplar a un batidor cruzado, flecha en mano.
Asustado logro ponerme cuerpo a tierra a mí y que Safia me siga.-Santísimo y bendito Yahwe ¿Dónde estás? No te pagues mi pecado de engañar en suelo sacro, con mis hermanos y hermanas, descendientes también de Abraham. A ti te imploro y ruego. Si tienes que cobrar algo, que sea conmigo y que tu voluntad así sea; pues sé que he pecado contra ti, pero vidas se hallaban en juego.
Que el destino ahora siga los caminos indicados por tu ojo todopoderoso.
En parte me dirijo hacia mí; aunque, por otra parte, hacia aquellos caballeros cruzados en caso de que quede una pizca de humanidad en sus corazones.


Sobreviene un ruido de espadas y, totalmente asustado, me giro para contemplar el suelo del templo profanado por la sangre de sus guerreros… Empiezo a respirar cada vez más impetuosamente ante la visión carmesí. El caballero desmonta, con el olor de las vidas recién convertidas en cadáveres. Tanto su armadura como su corcel, ambos antaño blancos, se hallan teñidos de sangre.. . "No... No puedo respirar… Se… Borroso... Sangre… est.. l" Me separo de la realidad cuando mi cabeza choca contra el suelo del templo.


Cuando despierto me encuentro en el tejado de la sinagoga y descubro que la ciudad yace en completo silencio; pero éste ya no se romperá ante el murmullo de la vida, pues del cielo sobre ella había caído una mortaja. Ésta viene a envolverla y la sepulta en su silencio. El propio tiempo ha sido devorado por sí mismo, pues de ser época de gran gentío solo queda ya un recuerdo. Ha comenzado una suave nevada en la ciudad muerta y sin vida de Jerusalén.

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Última edición por elpajarometalico el 12 Ene 2021, 22:04, editado 1 vez en total.

CONCILIO FEÉRICO (Baudelaire)

Re: Bila hamavet lanetzach umacha adonai elohim dim'a: Jiuj kalanit

#9

Mensaje por Baudelaire » 23 Dic 2020, 13:08

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Bella escena, @elpajarometalico. Magnífica interpretación de la incertidumbre que padece tu personaje. He ajustado, éso sí, los nombres de los comandantes del ejército cruzado.

https://stanzadellasegnatura.wordpress. ... io-de-114/

Cualquiera puede confundirse, incluso Zacarías, así que me aprovecharé de ello para lo que vas a leer. Ocurre que la ceremonia del matrimonio tiene lugar en Damasco, como está descrito en el mensaje que abre el preludio.

Tranquilo, que ya verás que no habrá problemas de continuidad. ;)

El techo en el que estás se desvanece y sientes una horrible caída, pero sin dolor alguno al golpear el piso. Ves al caballero cruzado que te ha aturdido cargar a Melissa, la lleva bien atada y está cercado por sus compañeros. Intentas levantarte en vano, gritar que la dejen… pero tu voz es apenas un murmullo. Tu cabeza zumba, es más aturdimiento que otra cosa, pero sabes que es el castigo del altísimo por tus mentiras.

Una silueta difusa surge desde el piso de la sinagoga, dándote cuenta que nunca has estado sobre el templo de Salomón. Es Damasco y, frente a ti, esa figura etérea es el mismísimo Gabriel… te habla directamente como lo haría con cualquier profeta del pasado.

De pie, Zacarías. Mi señor os ha otorgado una nueva oportunidad, la muerte llegará mucho más tarde para vuestra existencia. Habrá muchas dificultades, conocerás nuevos rincones desconocidos de esta tierra; pero, al final, cuándo habrás resarcido tus culpas… podrás reencontrarte con tu amada. Ya sabes que la palabra de los cielos es ley, solamente deberás cumplir tu parte.

Tras terminar su breve discurso, el arcángel sigue ascendiendo a través del techo. Sientes que tus energías han regresado e, igualmente, tu equilibrio. Eres capaz de reincorporarte, en medio de la masacre. Sí, hay mucha gente muerta, algunos soldados de Balduino… y muchísimos guerreros macabeos. Sin embargo, gran parte de la concurrencia ha podido encontrar refugio tras las columnas o bajo las mesas. Safia está a tu lado y su mueca de desagrado persiste.

Nada podría manifestarte que ella, o alguien más, ha notado tu epifanía. Probablemente Gabriel te ha hablado solamente a ti y nadie más lo ha visto; de otro modo, la reacción habría sido diferente.

Sin embargo, de la incertidumbre pasas a emociones contrapuestas: de profunda desazón y exaltada esperanza. Tus rezos han sido escuchados y respondidos por un arcángel en persona. Si bien Melissa ha sido secuestrada, la providencia te preparará para volver a encontrarla algún día. Todo depende de ti y de tus futuros actos.

Desconoces cuanto tiempo ha transcurrido en tu visión de Jerusalén, pero te parece que vislumbras el futuro. Si las cruzadas continúan, probablemente la ciudad caerá. De momento, Damasco está siendo controlada por un ejército diferente. Las fuerzas cruzadas escapan y Nur al-Din, general musulmán, les deja marcharse a Jerusalén. Su séquito se despliega por la sinagoga y con calma montan un pequeño podio para que de un breve anuncio.

Hijas e hijos de Abraham. En nombre de Allah todopoderoso, os anuncio que vuestras vidas serán perdonadas. Podréis reanudar vuestras actividades comerciales, nobles gentes que profesáis la religión judía. Respetaremos vuestras creencias… a cambio, por supuesto, deberéis encargaros que la banca siga funcionado. Se me ha informado que este es el matrimonio de dos familias dedicadas al rubro financiero: Zacarías y Safia. Quiero al hombre de la familia en mi tienda temprano por la mañana.

El poderoso general habla con mucha elocuencia, pero sin que te inspire mucha confianza. Tu esposa te mira y, con sus ojos perforando tu alma, sabes que la tradición es lo único que importa: ahora es el momento de los negocios. Si ese tal Nur al-Din requiere de los servicios de dos grandes familias unificadas, tu eres el hombre que deberá visitarlo. Solamente te queda responder al protocolo y prepararte para lo que vendrá.

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Re: Bila hamavet lanetzach umacha adonai elohim dim'a: Jiuj kalanit

#10

Mensaje por elpajarometalico » 13 Ene 2021, 16:41

Los silbidos del viento corren por las calles solitarias cantando el réquiem de la ciudad caída, acariciándola con sus gélidas lenguas, las cuales he sentido casi en mi interior como un fuego helado alrededor mío. El ademán de refugiarme en mis brazos, no basta siquiera para evitar sentir el calor escurrirse entre mis dedos rumbo hacia aquellos reinos grises que asfixian al Sol, hasta que todo ha quedad oscurecido y no hay más luz sobre la faz de la Tierra. Es entonces cuando he sentido un brusco descenso, al parecer el techo de la sinagoga, fruto de los años de soledad y de tristeza emana un último quejido moribundo.

El abismo, la negrura es tal, que he perdido el sentido de la orientación mientras desciendo a un ritmo cada vez más vertiginoso hacia un destino totalmente desconocido. Estoy preguntándome incluso si no he fallecido en mitad del asalto cruzado, mi corazón parado, mi cuerpo clavado al suelo por una espada cruzada entre los chistes y bromas acerca de aquél en ser el primero en desmayarse. Ahora llega el momento cuando percibo la violencia, la brutalidad del golpe en torno a mí al encontrarme con el suelo... pero no la he sentido.

Una fuerte luz se abre ante mí. Las inmensas puertas del templo de Salomón se hallan abiertas en par, violando la penumbra del templo con su orgullo blanquecino. Sobre ella se ha extendido una serie de figuras humanas, humildes ante el astro rey como de la inmensa puerta que conecta con el recinto sacrosanto. Imposibles de identificar sus rasgos, sus detalles, tan sólo las siluetas envueltas en las sombras.

Sin embargo, mi alma quizás en un juego de casualidades o tal vez de destinos, sabe quien es la figura con las manos atadas a punto de subirse a aquel caballo de sombras tenebrosas. Y, sin necesidad de ver, puedo observar sus ojos brillar por una emoción solamente imaginada. Una sola mirada suya ha bastado para hacerme detener el corazón, acabar con todo... y volver a empezar. Un suspiro suyo, ha hecho florecer el Edén que cultivo para ella en las oscuridades del silencio. Intento gritar su nombre, retenerla a mi lado y abrazarla eternamente. De no poder, bastaría sólo por mil años en fugaz instante, al fin y al cabo el tiempo sólo ha siempre un juego de perspectivas. Melissa. De ella ha quedado solamente su silencio, el ruido de los cascos, su desaparecer por aquellos prados blancos. Mi castigo, mi exilio.

Las puertas se han cerrado lentamente, mecidas dulcemente por manos invisibles. Sobre su reverso, dibujado entre las penumbras, puedo distinguir la escalera, el Cielo postrarse y el Mundo desenvolverse a sus pies. Su belleza deviene suave seda, su sabiduría es portada como corona, sus brazos vigorosos sosteniendo la realidad en cada exhalación, en cada mirar, en cada pulsación y en cada paso. Ya que ahora en las sombras se vislumbra, grabado en piedra, el árbol de la Vida; el tesoro divino prohibido para el ser humano, pero resguardado por la santísima divinidad en orden de conservar su belleza... nunca mancillada por burda mano material alguna. Resguardada por un ángel, ostentador no solamente de espada sino también de lengua de fuego.

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La luz de los reinos espirituales obedece al desafío que ha sido lanzado ante la luz terrenal, abriéndose en este instante a mis espaldas, naciendo con sus tonalidades, todos los colores de la tierra se hicieron presentes tras de mí: verdes, azules, rojos, amarillos... unidos en plena armonía, oscilándose entre sí. El reino celeste ha remedado al mundo terrenal, superándolo en delicadeza y perfección. El ángel está vestido con una túnica que ondea a la luz de sus suaves y delicados movimientos, mientras flota a varios pies del suelo sin necesidad alguna de alas. -Porque, ¿cuándo ha necesitado un ángel alas para volar? Su torrente se torna brutal como las cataratas al chocar, pero dulce como el suave caminar del manantial.

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Vuelvo pues a la realidad, despertado de aquellas revelaciones y sabiéndome en Damasco y no en Jerusalén, en presencia de los mahometanos de Nur-al-Din y no de los cristianos de Balduino III. Esta vez no me presento ante la mirada, siempre anhelante y alegre, de Melissa; sino ante la continua mueca de desagrado de Safia. -Hágase según lo dispuesto por Adonai, allí me tendréis. Ahora ruego dispensadme, necesito de unos instantes de soledad.

No me ausento muy lejos de allí, quedándome junto a la puerta del templo, me he apoyado en su lateral izquierdo. La alegría y el gozo de los prodigios de nuestro amo y señor se mezcla con el dolor de habérmela arrebatado de dicha forma. Lágrimas amargas cruzan mis mejillas, al saber que no podré más escuchar su risa o disfrutar su presencia... Y, sin contenerme, cierro los ojos y acaricio a la columna próxima, imaginándome que la fría piedra es cálida piel o su suave melena. Me acerco a una de las grietas en la superficie y allí susurro. -Esperaré tu regreso, porque sé que estarás siempre a mi lado. Y allí donde fueres, acuérdate, Zacarías te ama.

Allá a lo lejos logro distinguir un poderoso alcotán, que se regocija de volar en lo más alto alejándose de la ciudad. Entre sus garras, un abejaruco aprisionado. En ese momento termino por entender la palabra del pez de mis sueños. -Leviatán.

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