Acechantes de la VentiscaRastrear – Emboscar – Perseguir – Abatir
Durante siglos, los Garou han acechado los sueños del hombre.
La humanidad ha transmitido historias sobre monstruos capaces de cazarte más allá de los confines de la tierra siguiendo tu olor más tenue. Hasta el día de hoy, los humanos siguen temiendo la oscuridad que acecha más allá de sus hogueras y ciudades. La gente teme los lugares apartados, incluso cuando todos los instintos y herramientas les aseguran que se encuentran solos por completo. Porque una pequeña voz primordial les advierte de que los depredadores más terribles acuden como fantasmas en la noche.
Los Acechantes de la Ventisca son la razón de eso. Si le preguntas a un Garou qué tribu es la más cruel, pocos pronunciarían un nombre distinto al de los Acechantes de la Ventisca. Si le preguntas cuál es la tribu más persistente e incansable, nadie discutiría que los Acechantes de la Ventisca se merecen ese título.
Todos los Garou son guerreros y cazadores, pero pocos lo convierten en una forma artística de terror y caza como los Acechantes de la Ventisca. Son artesanos de la emboscada, maestros del sigilo, y completamente implacables. Ser cazado por un Acechante de la Ventisca consiste en una desaparición larga y dolorosa.
El Acechante de la Ventisca Jack Cuervo de Tormenta entra en una oficina del ICE:
El primer indicio de que algo iba mal fue la furgoneta blanca aparcad en mitad de la entrada, manteniendo las puertas automáticas abiertas. A medida que Jack Cuervo de Tormenta se acercaba, con todos los sentidos alerta, vio a una anciana latina con un vestido roto mirado el suelo, con los ojos muy abiertos. Jack sonrió y le dijo a la mujer:
-No hay nadie en el camino. Márchate.
-Gracias -dijo la mujer, pero entonces dudó-. Todo el mundo se ha ido. Sólo queda…
Parecía asustada y pasó al lado de Jack, con los ojos fijos en el suelo. Posiblemente se trataba del Delirio. Grita Caos, el Hijo de Gaia le había pedido a Jack que le ayudar a encontrar a Karola Korányi, de los Señores de la Sombra. Jack era un cazador como toda su tribu, y esa presa en especial no resultó difícil de localizar. Sólo había tenido que seguir los informes policiales y otros indicios de tumultos violentos.
La oficina del ICE se encontraba lo bastante apartada como para que nadie apareciera en al menos hora y media. Jack pasó sobre el primer cadáver mientras entraba en el edificio bajo y de construcción barata -un hombre alto de mediad vestido con un uniforme militar que le quedaba mal. Su rostro se encontraba destrozado en parte, y le faltaba un buen trozo de carne en el cuello.
Mientras Jack seguía adentrándose en el edificio con precaución, encontró más cadáveres destrozados. Uno había sido aplastado contra la pared; otro había sido empalado con el cañón de un rifle. Todos los que permanecían aprisionados en el edificio habían huido. La anciana era la última que se había quedado allí.
Luces brillantes, jaulas para animales, desperdicios humanos en el suelo. Guardias muertos y aplastados entre los escombros, infraestructuras lamentables de arresto y aprisionamiento en masa.
Karola Korányi se encontraba de pie, sola en una de las grandes habitaciones que habían retenido decenas de prisioneros hasta que algo había ocurrido hacía menos de una hora. Su cara estaba manchada con una fina capa de sangre, sus dedos temblaban, mientras aferraba un zorro de juguete destrozado. No se dio la vuelta cuando Jack entró, y dijo en voz baja:
-Corre y vive.
-Grita Caos me pidió que viniera -dijo Jack con cuidado-. Soy un Acechante de la Ventisca, me llamo Jack Cuervo de Tormenta. ¿Qué ocurrió?
-Estaba desayunando en un local mexicano cuando entraron estos hombres. Intentaron arrestar a la gente. Les dije que se jodieran, así que intentaron arrestarme. Me fui con ellos porque Gruñido Bajo me dijo que no pusiera en peligro a la gente normal -contó Karola como si hablara de algo que le había ocurrido a otra persona-. La gente que había arrestado se encontraba muy asustada. Eso me enfureció. Cuando llegamos aquí y me di cuenta de lo que era este lugar, yo…¿He matado a alguien?
-Nadie que no se lo mereciera -contestó Jack-. Pero tienes que tener más cuidado. Ahora prendamos fuego a este lugar y después te llevaré con Grita Caos y puede que te ponga un suspenso o lo que quiera hacer.
Karola sonrió y miró a Jack con cordura por primera vez.
-Tienes razón, Jack Cuervo de Tormenta. Lo has comprendido.
Espíritu Patrón: El Viento del Norte
No se puede parar el Viento del Norte, sólo resistirlo.
Los Acechantes de la Ventisca se han modelado a su imagen. Recorren colinas y valles, congelando la sangre con la fuerza de su aullido, atraviesan cualquier obstáculo en su camino, parece que se manifiestan de la nada, y atacan a sus presas antes de desaparecer sin dejar rastro. Son una fuerza de la naturaleza.
Les gusta pensar que así agradan al Viento del Norte.
¿Por qué el Viento del Norte nos elige? ¡Ésa es una pregunta equivocada, colega! ¡Nosotros lo elegimos! El Viento del Norte no elige, simplemente es. Es una fuerza literal de la naturaleza. ¡La única pregunta es durante cuánto tiempo puedes resistirlo! Nosotros seguimos su ejemplo, y nos permite correr a su lado mientras podamos.
-Kyra “Sueños de Ciprés” Dauterive, Theurge de los Acechantes de la Ventisca
El Viento del Norte no sólo es incansable, es eterna. Ha soplado desde que Gaia se formó, y no cesará hasta que Gaia se deshaga en polvo. Nuestro deber es asegurarnos de que no ocurra mientras vivamos.
No importa lo difícil que sea.
-Jamie Hija del Viento del Norte, Philodox de los Acechantes de la Ventisca
Rumores sobre los Acechantes de la Ventisca
Muchos son quienes consideran que los Acechantes de la Ventisca son traidores o fanáticos debido a su naturaleza distante y sin compromiso. Los peores consideran que son ambas cosas. Los Garou tienen dificultades para creer que no ocultan algo.
Los Acechantes de la Ventisca mantienen vivo el Culto de Fenris: La mayoría de los Garou apenas pueden distinguir a un Acechante de la Ventisca de un Fenrir. Son fanáticos dispuestos a despedazar a otros Garou. Algunos cree que la única razón de la que el culto sobreviva es que los Acechantes de la Ventisca han intervenido en su favor.
Los Acechantes de la Ventisca nunca mueren de verdad: Simplemente dejan sus cuerpos atrás y se unen al Viento del Norte para servir en su ejército. Son sus voces las que escuchas en el viento. Son sus garras heladas las que te destrozan en la nieva.
Los Acechantes de la Ventisca cazan humanos por deporte: Algunos sugieren que los Acechantes de la Ventisca nunca han sido tan felices como durante el Impergium. Se dice que nunca se han detenido del todo y se sugiere que en ocasiones atacan a familiar enteras y las persiguen como si fuera un juego.
Los Acechantes de la Ventisca coleccionan trofeos, y no sólo de sus víctimas: Los miembros de la tribu son conocidos por ser cazadores sanguinarios. Muchos dicen que se enorgullecen de coleccionar trofeos de quienes matan. Sin embargo, eligen presas especiales, a las que pueden tardar años matar, y las persiguen una y otra vez, arrebatándoles un trofeo de cada ocasión, hasta que la presa no puede resistir más.
Purgan a sus miembros más débiles: Los Acechantes de la Ventisca permiten que cualquiera se una a ellos porque necesitan constantemente sangre nueva. Los miembros más lentos, ruidosos, o inútiles son masacrados de forma regular en cacerías ceremoniales para mantener sus habilidades afiladas como cuchillas






