La pérdida de influencia de los Colmillos Plateados fue acompañada por el auge de otras tribus. Los Jinetes de Hierro, descendientes de los Protectores del Hombre, y los Señores de las Sombras asumieron el liderazgo de los Garou brasileños en la mayoría de los clanes. De la misma forma que los políticos de Minas Gerais y Sao Paulo alcanzaron un acuerdo para repartirse el poder en la nueva república, ambas tribus también consiguieron establecer una alianza informal. Sin embargo, el aumento de la emigración europea provocó el fortalecimiento de otras tribus y una disgregación del poder de la Nación Garou, cuyo poder se concentraba sobre todo en el sur de Brasil, mientras que en el norte el poder de los hombres lobo se encontraba más fragmentado y más diverso.
Hacia finales del siglo XIX la tribu Uktena, que en gran parte había permanecido vinculada hacia los nativos brasileños, siguiendo el ejemplo de otros países, también comenzó a incrementar sus filas entre los marginados de la prosperidad de Brasil. Mestizos, mulatos, antiguos esclavos y otros comenzaron a formar parte de su Parentela. Encontraron aliados dispuestos en los Hijos de Gaia y los Roehuesos, con cuya ayuda consiguieron adaptarse a la civilización moderna.
En conjunto y salvo excepciones, los Garou brasileños se distanciaron de la política mortal, tratando de frenar los excesos del Wyrm y encauzar el avance de la civilización europea. Sin embargo, en el proceso descuidaron a la Tejedora, cuya influencia era cada vez más intensa en las grandes ciudades.
Entre las Razas Cambiantes de Brasil se estaba produciendo un proceso similar. Hacía tiempo que los Ananasi habían tomado Parentela entre los europeos y extendido sus telarañas en las colonias que creían en la costa, pero durante esta época y tras sufrir graves pérdidas, otros Fera siguieron su ejemplo. El aislamiento y la ocultación sólo demoraban los problemas, pero no los evitaban y a estas alturas estaba más que claro que era imposible desterrar la presencia de los hombres blancos. Hubo resistencias, pero pronto los Mokolé, los Balam y otras Razas Cambiantes comenzaron a hacer acto de aparición cerca de los grandes centros urbanos. La sangre cambiaformas fue plantada en terrenos que anteriormente habían sido evitados, con la esperanza de que florecieran en el futuro.
Mención aparte merecen los Ratkin brasileños. Los hombres rata habían llegado discretamente durante los primeros tiempos de la colonia, pero durante el siglo XIX y acompañando la emigración, comenzaron su expansión en las grandes ciudades de Brasil. La Reina Da Cunha en Sao Paulo fue reconocida en 1899 como reina de los hombres rata del país, siendo reconocida por la gran mayoría de los nidos locales. Sólo la tribu de los Roehuesos fue consciente del gran número que habían alcanzado los Ratkin en el país, superando en número a todas las tribus Garou.
En 1937, durante el gobierno del presidente Getulio Vargas, tuvo lugar la fundación del parque nacional de Itatiaia en Río de Janeiro, seguido del parque de Iguazú en Paraná y el de Sierra de los Órganos también en Río de Janeiro en 1939. Aunque los cambiaformas tuvieron poco que ver en el establecimiento directo de estas reservas naturales, eran las primeras señales de la extensión de un pensamiento conservacionista, que continuaría durante las décadas siguientes. Sin embargo, las diversas Razas Cambiantes lo vieron como una señal de esperanza, convirtiendo estos parques en ocasionales refugios frente al imparable progreso industrial y urbano.







