{ https://www.youtube.com/watch?v=jjZa3p9 ... rt_radio=1 - Mad World by Tears for fears Gary Jules Version }
Cómo un pequeño dejavu, ahora se encontraba con otro ser querido entre sus brazos. La diferencia estaba en la vida, en la no-vida. Mientras a Nyx le quedara un pequeño hálito, no lo dejaría solo. Lo alzó entre su regazo y analizó la situación. Aquella vieja desconocida, ahora mismo no le merecía ni un segundo de su atención. Ni ella, ni sus improperios, ni sus ganas de morir.
Sacó sus colmillos y se mordió en la muñeca, dejando que la vitae cayera sobre la boca del brujah. Ya habría tiempo de pedir perdón, si conseguía devolverle la energía necesaria para escapar de allí. Para seguir escapando.
En medio de aquella alimentación tan poco ritual, unos potentes focos apuntaron hace el tremere. Sus pupilas se agudizaron adiviando que Pagliacci conducía el vehículo. Sabía que su relación había estado perturbada en los últimos tiempos, pero no tanto como para que la pariah intentara atropellarlos. Confiaba en ella y en el plan del que seguramernte formaba parte aquella acción, aunque las luces se acercaran a tanta velocidad...
"The final countdown" Epílogo
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Pagliacci (Hex)
Periodista
Re: "The final countdown" Epílogo
https://www.youtube.com/watch?v=WcjHmjh ... C4&index=5
Primero se asustó, la presencia de extraños olores y sonidos perturbaba al pequeño roedor. El aire arrastraba un olor a hierro y azufre, el inequívoco olor de la pólvora y la sangre. La rata asomó su hocico y olisqueó el ambiente, relamiéndose ante la idea de comer algo mejor que la madera podrida del cobertizo y las raíces del pantano. Con agilidad, se movió entre el barro, esquivando los monstruos de dos ruedas que pasaron con depredadores rugientes. Se giró entonces, dos potentes focos la iluminaron, una luz bellísima, pero aterradora, con la que aquel animal supo que le había llegado su final.
Las ruedas del coche machacaron los órganos y los huesos hasta convertirlos en papilla, la no muerta ni se percató de que había aplastado a aquel pequeño mamífero. Hex conducía a toda velocidad, de forma casi suicida se había arrojado acelerando contra los moteros y estos habían salido huyendo. La sed de sangre enturbiaba sus pensamientos, el hambre se apoderaba del vacío entre sus células, surgiendo de un terror intersticial que no tenía nombre.
La pariah atisbó a Montecristo entre el fango y apretó el freno, derrapando debido al resbaladizo terreno sobre el que se movía aquel Alfa Romeo de importación. El vehículo se detuvo peligrosamente cerca de aquella banda de parias y fugitivos, con el quejido estridente de las patillas de freno quemando los neumáticos. Y, consciente de que ni siquiera era su rostro el que veían, les gritó a todos los presentes:
-¡Subid ya! ¡Meted a Nyx en el asiento trasero! ¿Dónde está Melinda?
Primero se asustó, la presencia de extraños olores y sonidos perturbaba al pequeño roedor. El aire arrastraba un olor a hierro y azufre, el inequívoco olor de la pólvora y la sangre. La rata asomó su hocico y olisqueó el ambiente, relamiéndose ante la idea de comer algo mejor que la madera podrida del cobertizo y las raíces del pantano. Con agilidad, se movió entre el barro, esquivando los monstruos de dos ruedas que pasaron con depredadores rugientes. Se giró entonces, dos potentes focos la iluminaron, una luz bellísima, pero aterradora, con la que aquel animal supo que le había llegado su final.
Las ruedas del coche machacaron los órganos y los huesos hasta convertirlos en papilla, la no muerta ni se percató de que había aplastado a aquel pequeño mamífero. Hex conducía a toda velocidad, de forma casi suicida se había arrojado acelerando contra los moteros y estos habían salido huyendo. La sed de sangre enturbiaba sus pensamientos, el hambre se apoderaba del vacío entre sus células, surgiendo de un terror intersticial que no tenía nombre.
La pariah atisbó a Montecristo entre el fango y apretó el freno, derrapando debido al resbaladizo terreno sobre el que se movía aquel Alfa Romeo de importación. El vehículo se detuvo peligrosamente cerca de aquella banda de parias y fugitivos, con el quejido estridente de las patillas de freno quemando los neumáticos. Y, consciente de que ni siquiera era su rostro el que veían, les gritó a todos los presentes:
-¡Subid ya! ¡Meted a Nyx en el asiento trasero! ¿Dónde está Melinda?
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Nyx (DarkOsca)
Arquitecto
Re: "The final countdown" Epílogo
La Vitae de Montecristo cae en su garganta como fuego líquido.
Nyx reacciona con un espasmo violento, arqueando el cuerpo sobre el barro mientras un gruñido ronco escapa de su pecho. Durante un instante sus colmillos vuelven a hundirse por puro reflejo en la muñeca del Tremere, demasiado fuerte, demasiado desesperado, como un animal intentando aferrarse a la única fuente de calor en mitad de una tormenta helada. Pero entonces algo en su mirada logra enfocar.
Montecristo.
Los helicópteros.
Los focos.
La marisma iluminándose poco a poco como un escenario abierto en canal.
Nyx suelta la muñeca lentamente, respirando de manera errática pese a no necesitar aire, y gira apenas la cabeza hacia el cielo. El sonido de las hélices atraviesa el barro, los huesos y los pensamientos. Demasiado cerca. Demasiado rápido.
La Bestia vuelve a removerse dentro de él.
Cazar. Huir. Matar.
Sobrevivir.
Sus dedos se aferran débilmente a la ropa de Montecristo, manchándole aún más de barro y sangre. Cuando habla, la voz le sale rota, húmeda, casi irreconocible.
—M... Melinda...
Traga sangre.
—¿Dónde... está...?
Otro foco atraviesa la niebla húmeda del pantano y Nyx entrecierra los ojos con dolor, como si aquella luz pudiera arrancarle la piel.
—Nos... van... a encontrar...
No hay heroicidad en sus palabras. Solo agotamiento, hambre y la certeza animal de que la noche se está cerrando sobre ellos.
Nyx reacciona con un espasmo violento, arqueando el cuerpo sobre el barro mientras un gruñido ronco escapa de su pecho. Durante un instante sus colmillos vuelven a hundirse por puro reflejo en la muñeca del Tremere, demasiado fuerte, demasiado desesperado, como un animal intentando aferrarse a la única fuente de calor en mitad de una tormenta helada. Pero entonces algo en su mirada logra enfocar.
Montecristo.
Los helicópteros.
Los focos.
La marisma iluminándose poco a poco como un escenario abierto en canal.
Nyx suelta la muñeca lentamente, respirando de manera errática pese a no necesitar aire, y gira apenas la cabeza hacia el cielo. El sonido de las hélices atraviesa el barro, los huesos y los pensamientos. Demasiado cerca. Demasiado rápido.
La Bestia vuelve a removerse dentro de él.
Cazar. Huir. Matar.
Sobrevivir.
Sus dedos se aferran débilmente a la ropa de Montecristo, manchándole aún más de barro y sangre. Cuando habla, la voz le sale rota, húmeda, casi irreconocible.
—M... Melinda...
Traga sangre.
—¿Dónde... está...?
Otro foco atraviesa la niebla húmeda del pantano y Nyx entrecierra los ojos con dolor, como si aquella luz pudiera arrancarle la piel.
—Nos... van... a encontrar...
No hay heroicidad en sus palabras. Solo agotamiento, hambre y la certeza animal de que la noche se está cerrando sobre ellos.



